
Por Medicina Responsable
15 de abril de 2026El uso intencional de drogas psicoactivas antes o durante las relaciones sexuales para intensificar, facilitar o prolongar la experiencia, conocido como chemsex, es una realidad cada vez más visible en los centros asistenciales, especialmente en unidades de adicciones y salud mental. Los especialistas alertan de que su abordaje no puede limitarse a la sustancia o al episodio puntual, porque suele implicar patrones de consumo que elevan el riesgo de dependencia y se asocian con otros trastornos psicológicos.
El médico y vicepresidente de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), Pablo Vega Astudillo, advierte de que las sustancias que se utilizan con más frecuencia en este contexto, como metanfetaminas, GHB/GBL o mefedrona y otras catinonas, tienen un alto potencial adictivo, sobre todo cuando se consumen de forma compulsiva y prolongada, un patrón habitual en este tipo de sesiones. Además, subraya que el policonsumo es frecuente, lo que complica aún más el cuadro clínico y dificulta la intervención.
“El chemsex implica el uso de sustancias psicoactivas en contextos de alta intensidad emocional y refuerzo inmediato (placer, desinhibición, conexión social), lo que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar un trastorno por uso de sustancias”, explica el médico. En su opinión, este consumo no debe interpretarse como una conducta aislada, sino como la “interacción entre una sustancia y un cerebro vulnerable”, un contexto que facilita tanto la dependencia psicológica como la neurobiológica.
El especialista añade que, en las personas que practican chemsex, es más probable encontrar también otros problemas de salud mental, como depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad o trastornos relacionados con el trauma. En este escenario, la SEPD apunta a un fenómeno especialmente relevante: la patología dual, es decir, la coexistencia en una misma persona de una adicción y otro trastorno mental.
“La evidencia clínica y la experiencia asistencial apuntan a que la patología dual es más la norma que la excepción en el contexto del chemsex”, sostiene Pablo Vega, remarcando que una proporción muy significativa presenta simultáneamente un trastorno mental y un trastorno por uso de sustancias. Por eso, insiste en la necesidad de un abordaje integrado que trate de forma simultánea ambos problemas, para intervenir sobre las causas y “no solo sobre los síntomas”. Según el especialista, este enfoque mejora la adherencia a los tratamientos y contribuye a reducir recaídas y conductas de riesgo.
En paralelo, la Fundación Patología Dual ha puesto en marcha un curso específico sobre chemsex para dotar a los profesionales de herramientas de evaluación e intervención. “Muchos clínicos siguen sin identificar el chemsex como un fenómeno clínicamente relevante, no reconocen la patología dual subyacente y carecen de herramientas específicas de intervención”. El objetivo de SEPD, concluye su vocero, es mejorar la detección precoz y promover un abordaje basado en evidencia ante una realidad emergente en el sistema sanitario.