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El truco de congelar el pan antes de tostarlo: por qué podría sentarte mejor

La especialista Sara Marín explica que el frío transforma parte del almidón del pan en “almidón resistente”, un tipo de fibra que se digiere más despacio y puede ayudar a evitar subidas bruscas de glucosa

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El truco de congelar el pan antes de tostarlo: por qué podría sentarte mejor

Por Medicina Responsable

8 de mayo de 2026

Congelar el pan es un gesto habitual para evitar el desperdicio y tener siempre una reserva en casa. Pero, según la doctora Sara Marín, este hábito también puede tener un efecto metabólico interesante: modificar cómo se digiere parte de sus carbohidratos cuando se consume después de calentarlo.

La explicación está en el almidón, uno de los principales componentes del pan. Con el enfriamiento, y especialmente tras congelarlo y luego recalentarlo, una parte de ese almidón puede pasar a comportarse como almidón resistente. Dicha fermentación produce ácidos grasos de cadena corta, como butirato, propionato y acetato, que tienen multitud de propiedades beneficiosas.

“Si congelas el pan y sacas una rebanada para calentarla en la sartén o en la tostadora gran parte del carbohidrato del pan se va a convertir en fibra prebiótica, que disminuye tu pico de glucosa y se digiere mejor produciendo menos inflamación y gases”, explica Sara Marín en un vídeo compartido en redes sociales.

“Y además es la comida favorita de tu microbiota, que transforma esa fibra en una sustancia imprescindible llamada butirato. El butirato baja la inflamación y la neuroinflamación, regula el sistema inmune y disminuye la permeabilidad intestinal”, añade la experta.

La doctora enmarca este consejo dentro de una idea más amplia: no se trata de convertir el pan en un “superalimento”, sino de pequeños cambios que pueden hacer que ciertos alimentos se toleren mejor. En este sentido, recuerda que el fenómeno del almidón resistente también se ha descrito en otros carbohidratos, como pasta o arroz, cuando se enfrían y se recalientan después.

En la práctica, la clave para aplicar este “truco” es sencilla: congelar el pan ya cortado en rebanadas y sacar solo lo que se vaya a consumir, para tostarlo directamente o pasarlo por la sartén. Así se mantiene la textura y se evita descongelar de más.

Aun así, los efectos pueden variar según el tipo de pan y el contexto dietético. Panes integrales o de masa madre, por ejemplo, suelen aportar más fibra y pueden encajar mejor en un patrón de alimentación que busque controlar la respuesta glucémica, siempre sin perder de vista que lo determinante es el conjunto de hábitos.



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