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¿Por qué algunas personas enferman justo antes de empezar las vacaciones?

Los psicólogos y los médicos han bautizado a este fenómeno como “enfermedad del ocio” o “síndrome prevacacional”

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¿Por qué algunas personas enferman justo antes de empezar las vacaciones?
Magnific.com

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

31 de julio de 2026

Nuestro sistema nervioso y nuestro sistema inmunitario están en comunicación constante. En situaciones de estrés agudo y puntual el organismo activa recursos defensivos: aumenta la vigilancia inmunitaria y nos protege mejor ante infecciones a corto plazo. Pero cuando el estrés se vuelve crónico el exceso de cortisol acaba deprimiendo la respuesta inmune, bajando la guardia frente a virus y bacterias. Varios expertos explican que, al desaparecer el “empuje” de la adrenalina diaria en el momento de iniciar las vacaciones, queda al descubierto esa inmunosupresión de fondo y se hace más probable que aparezcan infecciones y otros síntomas.

Los psicólogos y los médicos han bautizado a este fenómeno como “enfermedad del ocio” o “síndrome prevacacional”. Y es que muchas personas pasan los últimos días antes de las vacaciones en modo sprint: cerrando proyectos, dejando tareas resueltas, compatibilizando trabajo y organización del viaje, con pocas horas de sueño y alto nivel de exigencia.

Durante ese periodo el organismo funcia con altos niveles de adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés, que ayudan a mantenernos alerta y productivos, pero a costa de ir desgastando poco a poco nuestras defensas. Cuando, por fin, llega el descanso y baja la presión, esa hiperactivación desaparece… y el cuerpo aprovecha para “soltar” todo lo que estaba conteniendo.

El cuerpo “elige” el momento de enfermar

Algunos psicólogos clínicos señalan que el organismo tiende a enfermar cuando se siente menos vulnerable, es decir, cuando percibe que puede permitirse parar. Tras meses de aguantar con el piloto automático encendido el inicio de las vacaciones se convierte en la oportunidad perfecta para que aparezcan síntomas que estaban “en espera”: resfriados, migrañas, dolores musculares, problemas digestivos o una sensación intensa de agotamiento.

Por eso muchas personas tienen la impresión de que “el cuerpo sabe” cuándo llegan sus días libres y se derrumba justo entonces. Más que una coincidencia es la expresión de un equilibrio roto entre demanda continua y descanso insuficiente.

A la retirada del estrés se suman cambios repentinos en los hábitos cotidianos. Y es que durante las vacaciones solemos alterar los horarios de sueño, nuestra alimentación y la actividad física que realizamos. Nos acostamos más tarde, dormimos de manera irregular o cambiamos de entorno (hotel, casa de familiares), lo que desajusta el ritmo circadiano. Además, realizamos más comidas fuera de casa, con alimentos distintos, consumimos mayor cantidad de grasas, alcohol o azúcares y tenemos menor control sobre la conservación de los alimentos. 

Este conjunto de cambios genera una “tormenta perfecta” para el organismo, que debe adaptarse rápidamente a nuevos patrones de sueño, digestión y esfuerzo. Si llega ya fatigado por el estrés crónico, esa adaptación se hace más difícil y aumenta el riesgo de molestias y enfermedades.

Verano, viajes y entorno: factores añadidos

Aunque el fenómeno puede darse en cualquier época del año es especialmente visible en verano. Las altas temperaturas y los desplazamientos introducen factores adicionales, como son los cambios de temperatura (pasar del calor intenso de la calle a interiores con aire acondicionado muy frío favorece faringitis, bronquitis y resfriados), las piscinas y playas aumentan el riesgo de otitis, infecciones fúngicas, cistitis y conjuntivitis, sobre todo si se mantiene el bañador mojado o se camina descalzo por suelos húmedos. Pudiendo aparecer además afecciones digestivas (diarreas, gastroenteritis e intoxicaciones alimentarias por alimentos en mal estado o aguas diferentes a las habituales) y deshidratación o golpes de calor, especialmente en niños y mayores.

Al combinarse con un sistema inmunitario debilitado por el estrés y el cambio de rutina, estos factores climáticos y ambientales aumentan la probabilidad de enfermar justo al inicio del descanso.



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