
Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable
25 de febrero de 2026El ronquido no es un simple “ruido molesto”, es un síntoma de algo más grande. Ocurre cuando los músculos de la garganta se relajan demasiado durante el sueño y estrechan las vías respiratorias. El aire pasa forzado, vibrando algunos tejidos blandos como las úvulas y las paredes faríngeas, produciendo ese sonido grave y vibrante tan característico.
Por su parte el sueño no es un bloque uniforme, es un ciclo que sube y baja como las olas de un mar tranquilo. Pasamos por diferentes etapas: ligera (donde nos movemos y soñamos despiertos), intermedia y profunda (la del descanso real), para luego entrar en la etapa REM, el reino de los sueños locos. Los ronquidos más fuertes y enérgicos suelen coincidir con el sueño no-REM profundo -la fase previa al sueño REM- en el que el cerebro está en modo “no molestar”.
Aquí entra en juego otro actor fundamental: el umbral auditivo. Y es que cuando estamos despiertos un ronquido de 60-80 decibelios (equivalente a una conversación alta) nos sacaría totalmente de quicio. Pero cuando estamos profundamente dormidos ese umbral sube hasta alcanzar los 100-120 dB –el equivalente a un taladro neumático–. Algunos estudios realizados con polisomnografías han demostrado que el cerebro filtra de forma selectiva los ruidos mientras dormimos: ignora los sonidos predecibles y repetitivos como los ronquidos propios, pero reacciona ante ruidos nuevos o amenazantes, como puede ser el llanto de un bebé o un cristal rompiéndose.
¿A qué se debe esta sordera selectiva? Desde el punto de vista evolutivo es una protección. Si despertáramos con cada suspiro o cada vez que nos movemos en la cama no dormiríamos jamás. Para evitarlo el cerebro usa un "filtro de habituación", en román paladino, se acostumbra a su propio ruido porque lo genera y lo anticipa. Es como vivir junto a una cascada: al principio impresiona, pero terminas ignorándola para ahorrar energía neuronal. Sin embargo, y esto también es muy interesante, el compañero de cama no se acostumbra, sí se despierta con nuestros ronquidos, debido a que su cerebro los cataloga como "ruidos ajenos".
Por último, cuando tienen lugar los ronquidos la amígdala cerebral, las dos almendras neuronales que detectan los peligros emocionales, también se encuentra parcialmente apagada. El resultado final es más que evidente: el sonido viaja por nuestros oídos, pero no alcanza el "centro de mando", el encargado de dar la orden de que nos despertemos de forma inmediata.