
Por Medicina Responsable
26 de mayo de 2026El descanso es una de las funciones biológicas más determinantes para el correcto funcionamiento del organismo, aunque con frecuencia queda relegado frente a las exigencias laborales, el uso de pantallas o los hábitos sociales. En este contexto, la psicóloga especializada en sueño Nuria Roure ha lanzado una advertencia clara: dormir solo cuatro horas puede tener un impacto en el cerebro comparable al de haber consumido seis cervezas.
Según explicó la experta durante su participación en el podcast "Mami, ¿qué dices?", la privación de sueño afecta directamente a la atención, la capacidad de reacción y la toma de decisiones. El cansancio acumulado altera el rendimiento cognitivo y reduce la agilidad mental, lo que puede traducirse en errores en el trabajo, dificultades académicas o un mayor riesgo de accidentes de tráfico.
La falta de descanso no solo provoca agotamiento físico, sino también deterioro en funciones cognitivas clave. Entre las principales consecuencias se encuentran los problemas para mantener la memoria activa, la pérdida de enfoque y una menor capacidad para resolver situaciones cotidianas. Roure advierte de que muchas personas normalizan dormir poco sin ser conscientes del impacto real que tiene en su salud y en su desempeño diario.
Más allá del efecto inmediato sobre el cerebro, la privación crónica de sueño se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes, así como con alteraciones emocionales como irritabilidad, ansiedad y cambios de humor. Para la especialista, el descanso debería considerarse un pilar fundamental del bienestar, al mismo nivel, o incluso por encima, que la nutrición, el ejercicio físico o el equilibrio emocional.
En este sentido, Roure insiste en la necesidad de fomentar una auténtica cultura del descanso. Mantener horarios estables para acostarse y levantarse, reducir el uso de pantallas antes de dormir y evitar el consumo de cafeína en las horas previas a acostarse son algunas de las recomendaciones básicas para mejorar la calidad del sueño.
La psicóloga también puso el foco en niños y adolescentes, un grupo especialmente vulnerable a la falta de descanso. Según subrayó, los adolescentes deberían dormir alrededor de nueve horas cada noche, y cuestionó los horarios escolares excesivamente tempranos por su posible impacto en el desarrollo neurológico y emocional.
Aunque en los últimos años se ha popularizado la idea de que algunas personas pueden rendir al máximo durmiendo apenas cuatro horas, la evidencia científica sigue apuntando a que la mayoría de la población necesita entre siete y nueve horas de sueño para mantener un funcionamiento físico y mental óptimo. Dormir adecuadamente, concluye la especialista, no es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino una necesidad esencial para preservar la salud a corto y largo plazo.