
Por Clara Arrabal
26 de junio de 2026Son pocas personas las que tienen la desgracia de ver con sus propios ojos la catástrofe más absoluta, aquella que nos dejan los tsunamis, atentados, accidentes ferroviarios o terremotos como el que ha sacudido Venezuela en las últimas horas y que ya ha provocado miles de heridos, varios cientos de fallecidos y 40.000 desaparecidos.
Menos aún son las que hacen de la destrucción su puesto de trabajo: los profesionales que son el halo de vida de los más vulnerables, su esperanza y un rostro amigo en su momento de máxima debilidad. Se trata de médicos, urgenciólogos, bomberos, agentes de seguridad, rescatistas... Todos aquellos que van allí donde nadie querría estar, cuando nadie querría estar.
David Hernández y su fiel compañero de cuatro patas, Vito, son dos de ellos. Dos especialistas que ya han vivido en primera persona esa sensación. Hace tres años, en 2023, acudieron a la llamada de socorro de los terremotos de Turquía y Siria, cuando fueron movilizados por el Grupo Internacional de Rescate ante Catástrofes Naturales (GIRECAN) para participar en las labores de búsqueda de supervivientes. Allí trabajaron durante seis días en ciudades próximas a la frontera de siria, en un escenario de máxima desolación.
Pero su especialización va mucho más allá de vivir a piel la desolación. David Hernández es un bombero del Servicio de Extinción de Incendios del Ayuntamiento de Guadalajara y el impulsor de la Unidad Canina K9. En 2021, fue uno de los pocos profesionales con el título de Guía Canino de Búsqueda y Rescate de la Escuela Cinológica del Centro Militar de Veterinaria de la Defensa, lo que le convirtió en uno de los referentes españoles en este ámbito.
Vito, por su parte, es un pastor alemán especializado en localizar personas vivas mediante el olfato. Según explica el propio Hernández, comenzó a entrenarlo cuando era un cachorro y ambos llevan juntos desde 2014. Y no solo trabajando, también compartiendo vida y una amistad verdadera y eterna. Ahora, juntos también, explican en primera persona a Medicina Responsable todos los detalles sobre los rescates de personas atrapadas en escombros.
En este tipo de catástrofes, la cifra de fallecidos suele aumentar con el paso de las horas. ¿Hasta cuándo existe la posibilidad de encontrar supervivientes?
La cifra de fallecidos irá aumentando hasta que aparezcan los llamados "rescates milagro", aunque estos son los menos frecuentes. Algunas personas consiguen quedar atrapadas en lo que llamamos "huecos de vida", espacios donde pueden sobrevivir durante más tiempo. Todo depende de las condiciones en las que hayan quedado. Si, por ejemplo, tienen acceso a unas gotas de agua que les permitan hidratarse o disponen de un pequeño espacio para respirar, las posibilidades de supervivencia se multiplican. En cambio, si están completamente sepultadas, sin apenas aire o agua, el tiempo de supervivencia se reduce drásticamente.
Durante las primeras horas tras un terremoto, ¿cuáles son las prioridades de los equipos de rescate?
En primer lugar intervienen los medios locales, que son los primeros en llegar. Su máxima es rescatar a las personas que están visibles o en aquellos lugares donde se sabe con certeza que hay gente. Por ejemplo, si el terremoto ocurre un martes a mediodía en un colegio, se sabe que allí hay niños, por lo que esa zona se convierte en una prioridad absoluta. Después entran en acción los equipos especializados con perros de búsqueda, que trabajan de forma más específica para localizar a posibles supervivientes entre los escombros.
España ha anunciado el envío de un equipo de rescate urbano de la UME. ¿Con qué recursos trabajan este tipo de unidades?
Imagino que contará con perros de búsqueda, que son imprescindibles para localizar personas con vida. También utilizarán drones para evaluar el estado de los edificios y detectar las zonas con mayor riesgo de colapso. Además, suelen llevar personal sanitario, herramientas especializadas para desescombrar y todo el material necesario para trabajar con seguridad. En muchas ocasiones estas misiones también incluyen ayuda humanitaria, como material hospitalario o medicamentos, y los equipos se ponen a disposición del mando operativo que coordina la emergencia sobre el terreno.
Usted ha vivido este tipo de situaciones en primera persona. ¿Cómo se afrontan desde el punto de vista humano?
La preparación física y técnica la tienes, porque para eso entrenamos constantemente. Sin embargo, la preparación psicológica es otra historia. Llegas a un país que acaba de sufrir una tragedia enorme y tienes que estar preparado para ver lo peor, pero también para descubrir lo mejor de las personas. La población se vuelca con los rescatistas, intenta que no nos falte de nada y deposita en nosotros toda su esperanza. Al final se crea un equipo muy bonito entre los rescatistas locales y los que llegan desde otros países.
¿Qué recuerdos guarda de su experiencia en el terremoto de Turquía?
Hay recuerdos muy duros, sobre todo cuando recuperas a personas fallecidas. Pero también entiendes que esas familias necesitan poder despedirse de sus seres queridos y comenzar su duelo. Entre las experiencias positivas me quedo con el cariño de la gente. Nos recibían con abrazos simplemente por estar allí. En el caso de mi perro, Vito, muchas personas se acercaban para acariciarlo o abrazarlo. Para ellas también era una forma de desconectar por unos momentos de todo el horror que estaban viviendo.
Si tuviera que resumir en pocas palabras qué representa el trabajo de los rescatistas en una catástrofe, ¿cómo lo definiría?
Es una labor basada en la simbiosis, tanto humana como profesional. Todos los equipos trabajan coordinados bajo un mismo mando, pero más allá de los propios rescates se crea un círculo de solidaridad entre rescatistas, voluntarios y población afectada. Eso es, al final, lo que da sentido a este trabajo.