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Videojuegos y simuladores contra la amaxofobia: así funciona la terapia para perder el miedo a conducir

Esta fobia afecta a la calidad de vida de muchas personas, que acaban modificando rutinas, rechazando desplazamientos o dependiendo de otros para moverse

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Videojuegos y simuladores contra la amaxofobia: así funciona la terapia para perder el miedo a conducir

Por Medicina Responsable

3 de julio de 2026

La amaxofobia, o miedo a conducir, puede llegar a condicionar de forma importante la vida diaria de quienes la padecen. No se trata solo de sentir nervios al ponerse al volante, sino de experimentar un temor intenso que puede llevar a evitar autopistas, túneles, trayectos nocturnos o desplazamientos largos, e incluso a depender de otras personas para moverse.

Esta fobia puede aparecer tras un accidente de tráfico, después de haber presenciado un siniestro cercano o a raíz de un ataque de pánico al volante. También puede estar relacionada con el miedo anticipatorio a sufrir ansiedad durante la conducción o con rasgos como la autoexigencia, el perfeccionismo o la necesidad de control. Con el tiempo, esa evitación progresiva puede traducirse en pérdida de autonomía, cambios en los planes de ocio o vacaciones y rechazo de oportunidades laborales que impliquen desplazamientos.

Para ayudar a recuperar la confianza al volante, la compañía de alquiler Europcar y la especialista en formación vial Cristina Rojas han desarrollado el programa ‘Gaming Therapy’, una metodología que combina videojuegos, simuladores y conducción real mediante una exposición progresiva. El objetivo no es eliminar el miedo de forma inmediata, sino enseñar a conducir con seguridad incluso cuando la ansiedad todavía está presente.

La primera fase del programa comienza en casa, con el videojuego Gran Turismo 7. En este entorno sin riesgo, el participante vuelve a familiarizarse con aspectos básicos de la conducción, como la dirección, la frenada o la aceleración, sin la presión del tráfico real ni las consecuencias asociadas a un posible error.

Después, el proceso continúa en simuladores avanzados capaces de reproducir situaciones más cercanas a la conducción real, como intersecciones, incorporaciones, rotondas, adelantamientos o vías rápidas. Esta fase permite enfrentarse de manera controlada a escenarios que suelen generar ansiedad, siempre con el acompañamiento de instructores especializados.

La gestión emocional ocupa un papel central en el método. El programa trabaja la normalización del miedo, la comprensión de sus mecanismos y el aprendizaje de técnicas para regular síntomas físicos como la taquicardia, la tensión muscular o la hiperventilación, que pueden aparecer al conducir.

La última etapa consiste en volver a tomar el volante de un vehículo real. Cinco de los seis primeros participantes del programa completaron esta fase en el Circuito de Montmeló, una jornada pensada para comprobar sobre el asfalto que la amaxofobia puede superarse o, al menos, controlarse para que no siga siendo una barrera.

Los especialistas señalan que, con ayuda adecuada, hasta el 90% de las personas con miedo a conducir puede volver al volante. La clave está en avanzar de forma gradual, recuperar la sensación de control y entender que pedir apoyo no significa incapacidad, sino el primer paso para volver a conducir con seguridad.



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