
Por Medicina Responsable
26 de mayo de 2026Las uvas son conocidas por su contenido en antioxidantes, polifenoles y compuestos bioactivos asociados a beneficios cardiovasculares y metabólicos. Sin embargo, su potencial impacto en la salud de la piel había sido hasta ahora menos explorado. La piel está constantemente expuesta a agresiones ambientales, especialmente a la radiación ultravioleta (UV), uno de los principales factores implicados en el envejecimiento cutáneo prematuro, el estrés oxidativo y el daño celular acumulativo.
En este contexto, un estudio realizado por investigadores de la Western New England University (Estados Unidos) y publicado en la revista ACS Nutrition Science ha analizado cómo el consumo de uvas puede influir en los mecanismos biológicos que protegen la piel frente a ese daño.
En el ensayo participaron voluntarios que consumieron el equivalente a tres porciones de uvas enteras al día durante dos semanas. Los científicos evaluaron la expresión génica en muestras de piel antes y después del periodo de consumo, tanto en condiciones normales como tras exponer la piel a bajas dosis de radiación ultravioleta.
Los resultados mostraron que cada individuo presentaba un perfil genético distinto desde el inicio, pero que tras la ingesta de uvas se producían cambios medibles en la actividad de determinados genes, independientemente de esas diferencias individuales. Además, cuando el consumo de uvas se combinaba con la exposición a radiación UV, se observaron modificaciones adicionales en la expresión génica.
Al analizar los patrones comunes entre los participantes, los investigadores identificaron una mayor activación de procesos como la queratinización y la cornificación, mecanismos que fortalecen la barrera cutánea y ayudan a proteger frente al daño ambiental. También detectaron una reducción en los niveles de malondialdehído, un marcador de estrés oxidativo que aumenta tras la exposición solar, lo que sugiere una posible disminución del daño celular inducido por la radiación.
Según explicó John Pezzuto, profesor y decano de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Salud de la Western New England University, los hallazgos indican que las uvas pueden mediar una respuesta nutrigenómica en humanos, es decir, modificar la actividad de ciertos genes en función de la dieta. El investigador señaló además que este tipo de efecto podría extenderse a otros tejidos del organismo, más allá de la piel.
Aunque los autores subrayan que se trata de una investigación preliminar y que se requieren más estudios para confirmar los efectos a largo plazo, los resultados refuerzan la idea de que determinados alimentos integrales pueden influir en procesos biológicos profundos relacionados con la protección frente al envejecimiento y el daño ambiental.