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¿Es mejor el café de la mañana que el de la tarde?

Nuestro cuerpo tiene un horario interno que regula desde el estrés hasta el sueño. Saltarse ese ritmo con un café a deshora podría restar beneficios a una bebida que, bien aprovechada, protege el corazón

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¿Es mejor el café de la mañana que el de la tarde?

Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable

5 de febrero de 2026

La ciencia empieza a inclinarse por el primero con estudios que vinculan su consumo matutino a una notable reducción del riesgo cardiovascular y de la mortalidad general. No se trata solo de un capricho ritual, sino de cómo la cafeína interactúa con nuestro reloj biológico interno, el ritmo circadiano que dicta desde cuándo despertamos hasta cuándo debemos rendirnos al sueño.

El café ha sido durante siglos un elixir controvertido: tónico para unos, pero veneno para otros. En España, donde consumimos unos 4,5 kilos por persona al año -por encima de la media europea-, su ritual matutino es casi sagrado, una liturgia que acompaña el desayuno en el 80% de los hogares. 

Pero, ¿por qué la hora importa tanto? La respuesta radica en el cortisol, la hormona del estrés que nuestro cuerpo libera en picos matutinos, entre las 7 y las 8 de la mañana, para ponernos en marcha. Tomar una taza de café justo al despertar, cuando ese pico es máximo, puede amplificar innecesariamente esa respuesta, generando ansiedad posterior, es como si pisáramos el acelerador cuando el motor ya está a tope.

Los expertos recomiendan esperar a tomar la primera taza unos 90-120 minutos tras levantarnos: alrededor de las 9:30-11:00, que es el momento cuando el cortisol desciende naturalmente. Ahí, la cafeína actúa como un refuerzo óptimo, potenciando el estado de alerta y la concentración sin interferir en el eje hormonal. 

Un dato interesante es que el café no es solo cafeína, alberga más de 2.000 compuestos bioactivos con efectos antioxidantes y antiinflamatorios que protegen el corazón, reducen la diabetes tipo 2 e, incluso, añaden años de vida saludable. Por la mañana estos beneficios se alinean con el metabolismo en su fase activa: mejor absorción, menor impacto en la inflamación y sinergia con las catecolaminas, las hormonas que elevan la tensión de forma controlada. En cambio, el café de tarde o noche altera la melatonina -la hormona del sueño-, elevando la presión arterial, favoreciendo la inflamación y el estrés oxidativo, lo que podría elevar el riesgo cardiovascular.

Incluso la cantidad de café que consumimos dentro del horario es importante: 2-3 tazas matutinas ofrecen más beneficios que una sola y hasta los "cafeteros empedernidos" (con un consumo superior a 3 tazas) se podrían beneficiar aún más, siempre que no lo consuman más allá del mediodía. 

Claro que no todo es blanco o negro. Si eres sensible a la cafeína -la genética hace que la metabolices lentamente (CYP1A2)- o sufres hipertensión, arritmias o insomnio, el café de vespertino puede agravar estas patologías de forma independiente. Así mismo, en las embarazadas el consumo de café debe limitarse a 200 mg y no deber exceder de 400 mg totales. Además, el café solo brilla si es de calidad, no tiene azúcares añadidos ni ultraprocesados que diluyan sus polifenoles protectores.​

Y es que, de alguna forma, nuestro organismo no es un reloj mecánico, sino un ecosistema rítmico moldeado por millones de años de evolución. Alinearnos con él es invertir en longevidad, pero sin renunciar al placer. 



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