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Las estatinas, ¿aliadas o enemigas?

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Las estatinas, ¿aliadas o enemigas?

Por Lucía de Mingo

15 de marzo de 2022

La mitad de la población española sufre hipercolesterolemia, es decir, colesterol alto. Las estatinas son el remedio más usado para remitir los niveles de colesterol LDL, conocido comúnmente como “colesterol malo”. De hecho, se encuentran entre los medicamentos más recetados en todo el mundo.

Hay personas que no consiguen controlar el colesterol únicamente con hábitos de vida saludables. Son aquellas cuyo nivel de colesterol inicial es muy alto, debido a un origen genético o porque padecen enfermedades cardiovasculares y necesitan un tratamiento más potente.

Aquí es cuando se recurre a las estatinas, reductoras de la producción de colesterol en el hígado. De esta forma se disminuye la cantidad de LDL en la sangre y en las paredes de las arterias. No obstante, hay que señalar que estos fármacos no son sustitutivos sino complementarios a la dieta y a la actividad física.

El doctor Alberto Cordero, cardiólogo y co-coordinador del Grupo de Trabajo de Dislipemias y Riesgo Residual de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) destaca que, como todos los fármacos, las estatinas pueden tener efectos secundarios. Sin embargo, señala que son poco frecuentes (menos de un 10% de probabilidades) y es excepcional que sean graves. “El efecto secundario más frecuente son los dolores musculares y la elevación de las enzimas hepáticas”. Éstas indican inflamación o lesión en las células del hígado.

 

La intolerancia a las estatinas
Los resultados de un metaanálisis formado por 176 estudios en las que se ha analizado a cuatro millones de personas revelan dos cosas. La primera que la
intolerancia a las estatinas está sobreestimada por los pacientes y sobrediagnosticada por los médicos.

Los factores de riesgo principales que pueden provocar intolerancia a las estatinas son ser mujer, tener hipotiroidismo, el consumo elevado de estatinas, la edad o la toma de bloqueantes de los canales de calcio y de antiarrítmicos.

Según Cordero, sí que existen alternativas naturales que reducen los valores de colesterol. Entre ellos destaca algunos yogures que “contienen esteroles vegetales que bloquean parcialmente la absorción de colesterol de la alimentación”. Además, destaca que la avena tiene un efecto similar o más potente que “induce la fermentación del colesterol impidiendo su absorción en el intestino”. El consumo de tres gramos de avena al día reduce los niveles séricos de colesterol malo en 25,5 mg/d. También recomienda el consumo de frutos secos, especialmente las nueces y avellanas.



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