
Por Medicina Responsable
15 de abril de 2026La prevención de la obesidad infantil empieza antes de lo que suele pensarse, y la etapa preescolar puede ser decisiva para consolidar hábitos que se mantengan en el tiempo. Un ensayo clínico publicado en European Journal of Pediatrics aporta nueva evidencia al evaluar si un programa basado en alimentación mediterránea y ejercicio puede mejorar la composición corporal en niños pequeños con mayor vulnerabilidad.
La investigación, enmarcada en el proyecto MELI-POP, fue desarrollada por el grupo GENUD de la Universidad de Zaragoza junto al IIS Aragón y el área de Obesidad y Nutrición del CIBER (CIBEROBN), con participación de centros de Zaragoza, Córdoba y Santiago de Compostela. En total, incluyó a 206 menores de entre 3 y 6 años con riesgo de desarrollar obesidad por antecedentes familiares, y 170 completaron el seguimiento durante 12 meses.
Durante ese periodo, el grupo de intervención recibió educación nutricional mensual, sesiones de actividad física dos veces por semana y el apoyo de alimentos característicos del patrón mediterráneo, como aceite de oliva virgen extra y pescado. El grupo control, por su parte, recibió recomendaciones generales de salud infantil, sin un programa estructurado de dieta y ejercicio.
Los resultados mostraron que, tras un año, las niñas del grupo de intervención presentaron una reducción significativa del índice de masa corporal y mejoras en distintos indicadores relacionados con la grasa corporal. En los niños, en cambio, estos efectos no se observaron, un hallazgo que, según los autores, refuerza la necesidad de seguir investigando posibles diferencias por sexo al diseñar estrategias preventivas.
El ensayo no detectó cambios significativos en otros factores de riesgo cardiovascular, como presión arterial, perfil lipídico o niveles de glucosa e insulina. El equipo sugiere que esto podría explicarse porque los menores ya partían de valores normales al inicio del estudio.
Más allá de los resultados concretos, el proyecto subraya el valor de intervenir de forma temprana. La combinación de alimentación equilibrada y actividad física aparece como una vía prometedora para reducir el riesgo de acumulación excesiva de tejido adiposo desde los primeros años, especialmente en niños con mayor riesgo por su entorno familiar.