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Dermatólogos alertan del riesgo de desinformación tras los mensajes de Marcos Llorente sobre los protectores solares

El futbolista cuestionó en redes sociales la relación entre radiación UV y melanoma y defendió que la crema solar es “un invento para venderte historias”

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Dermatólogos alertan del riesgo de desinformación tras los mensajes de Marcos Llorente sobre los protectores solares

Por Santiago Melo

8 de abril de 2026

El futbolista Marcos Llorente ha vuelto a encender el debate en redes sobre fotoprotección y cáncer de piel. Esta vez el jugador del Atlético de Madrid compartió una imagen suya disfrazado de bote de crema solar y difundió mensajes contra el uso de fotoprotectores, además de poner en duda la relación causal entre radiación ultravioleta y melanoma, apoyándose en una gráfica que compara el aumento de ventas de crema solar con el incremento de casos en Estados Unidos.

Ante el alcance de este tipo de contenidos y su impacto potencial en hábitos de salud, hemos hablado con el dermatólogo Mario Puerta, de Centro Creciendo, para contextualizar la evidencia científica y desmentir afirmaciones que, advierte, pueden ser peligrosas. “Estos mensajes pueden generar confusión, disminuir la percepción de riesgo y favorecer conductas dañinas, especialmente en la población joven”, señala, insistiendo en que la conversación pública sobre exposición solar debería apoyarse en el consenso de sociedades científicas.

El doctor Puerta subraya que la relación entre radiación UV y cáncer de piel no es una suposición, sino un vínculo respaldado por datos robustos. “La relación causal entre la radiación ultravioleta y el cáncer de piel, incluido el melanoma, está respaldada de forma robusta por la evidencia científica, específicamente por datos a nivel molecular y epidemiológico”, explica. A nivel molecular, recuerda que la radiación UV induce daño directo en el ADN y deja mutaciones características, una “huella ultravioleta”, en genes implicados en el melanoma como BRAF, NRAS y TP53. En el plano epidemiológico, destaca asociaciones consistentes: más incidencia en poblaciones con exposición solar intermitente, relación entre quemaduras solares (especialmente en la infancia) y riesgo de melanoma, e incremento del riesgo en usuarios de cabinas de bronceado. También apunta a la distribución geográfica, con mayor incidencia en zonas de alta radiación.

Uno de los argumentos utilizados por el futbolista para negar la causalidad ha sido una gráfica que muestra que, mientras aumentan las ventas de fotoprotectores, también crecen los casos de melanoma. Para el dermatólogo, esa lectura es engañosa. “Que dos variables aumenten simultáneamente no implica que una cause la otra”, advierte, y explica que esa comparación ignora factores de confusión que cambian con el tiempo: mayor concienciación y diagnóstico precoz gracias a campañas y a técnicas como la dermatoscopia o la microscopía confocal, cambios en hábitos de exposición solar, envejecimiento poblacional y mejoras en los registros epidemiológicos. “Este tipo de errores son bien conocidos en epidemiología y subrayan la importancia de basarse en estudios controlados y no en asociaciones superficiales”.

El dermatólogo también responde a otra de las ideas más repetidas en este tipo de mensajes, como que el fotoprotector “bloquea” procesos naturales como la vitamina D. El doctor Mario Puerta reconoce que la radiación UVB participa en la síntesis cutánea, pero precisa que “la evidencia muestra que el uso habitual de protector solar en condiciones reales no suele provocar déficits clínicamente significativos”. Lo atribuye, entre otros motivos, a que el producto se aplica de forma insuficiente o irregular en la vida real y a que la vitamina D se produce con exposiciones breves no intencionadas. Además, recuerda que puede obtenerse “de forma segura y controlada por dieta o suplementos, sin necesidad de exposición solar intencionada”.

En cuanto a la supuesta “adaptación” o “callo solar” que permitiría exponerse progresivamente sin daño, el doctor Puerta matiza que existen mecanismos fisiológicos como aumento de melanina o engrosamiento de la capa superficial de la piel, pero insiste en sus límites: “Estos cambios ofrecen una protección muy limitada y no previenen el daño en el ADN ni el riesgo acumulativo de cáncer de piel”. De hecho, advierte de que esa “adaptación” es, en sí misma, una señal de que ya se está produciendo daño.

Para una exposición más segura, el especialista sugiere recomendaciones básicas: evitar el sol en las horas centrales del día, usar fotoprotector de amplio espectro, idealmente FPS 50+, y renovarlo cada 2-3 horas, recurrir a barreras físicas como sombreros, ropa o gafas de sol, y evitar las cabinas de bronceado.



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