
Por Medicina Responsable
14 de septiembre de 2026La desaparición del enrojecimiento, la descamación o el picor no significa que las personas con dermatitis atópica deban abandonar los cuidados de la piel. Al tratarse de una enfermedad crónica, mantener una rutina diaria también en los periodos en los que no existen lesiones visibles es importante para proteger la barrera cutánea y reducir el impacto de determinados factores externos.
Con motivo del Día Mundial de la Dermatitis Atópica, que se celebra el 14 de septiembre, los especialistas recuerdan la importancia de mantener estos cuidados más allá de los brotes. En España, esta enfermedad afecta aproximadamente a 2,7 millones de personas, alrededor del 5,6% de la población.
La barrera hidrolipídica actúa como una capa protectora frente a las agresiones externas y ayuda a evitar la pérdida de agua. Cuando se deteriora pueden aparecer sequedad, irritación, rojeces, descamación, grietas y heridas.
En las personas con dermatitis atópica, factores como el frío, el viento y la sequedad ambiental pueden contribuir a deteriorarla. Por este motivo, el cuidado cotidiano de la piel debe mantenerse también cuando no existe un brote. “Uno de los errores más frecuentes es pensar que la piel solo necesita atención cuando aparecen síntomas. En la dermatitis atópica es importante mantener unos cuidados constantes que ayuden a conservar la barrera cutánea y a reducir el impacto de factores como el frío, el viento, la sequedad ambiental o determinados productos”, explica el doctor Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI).
La rutina diaria debe adaptarse tanto a las características de la piel de cada persona como a aquellos factores que desencadenan o empeoran sus molestias. Entre las principales recomendaciones se encuentra utilizar productos de higiene adecuados para pieles sensibles y evitar aquellos que puedan resultar agresivos o irritantes.
También se aconseja mantener una hidratación habitual. Las cremas hidratantes y humectantes ayudan a aportar agua y reducir su pérdida, mientras que formulaciones con ingredientes como ceramidas, pantenol, urea o ácido hialurónico pueden contribuir al cuidado de la barrera cutánea.
Tras la higiene, es preferible secar la piel suavemente y sin frotar para evitar una mayor irritación. Asimismo, se recomienda protegerla frente a las bajas temperaturas, que pueden favorecer la sequedad y aumentar su reactividad.
La ropa también puede influir. Algunas personas con dermatitis atópica presentan sensibilidad a las fibras sintéticas o a la lana, por lo que en estos casos pueden resultar preferibles tejidos suaves como el algodón. Además, dado que la calefacción puede reducir la humedad de los espacios interiores, mantener una humedad adecuada puede ayudar a prevenir la sequedad.
Mantener estos cuidados y conocer los factores que afectan a la propia piel no significa que las personas con dermatitis atópica deban afrontar por sí mismas todos los episodios. Si aparecen brotes que empeoran, descamaciones que no remiten, grietas o heridas, se recomienda consultar con un dermatólogo para valorar la situación.
“Los cuidados diarios son un complemento del tratamiento médico y no deben sustituir la valoración de un especialista cuando la enfermedad empeora. El objetivo es que el paciente conozca su piel, identifique los factores que la irritan y sepa cuándo necesita ayuda médica”, concluye Sánchez Viera.