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Comer en la oficina también pasa factura al intestino

La falta de tiempo, el estrés laboral y las comidas rápidas frente al ordenador pueden alterar la digestión y favorecer desequilibrios en la microbiota intestinal

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Comer en la oficina también pasa factura al intestino

Por Medicina Responsable

21 de mayo de 2026

En el entorno laboral actual, cada vez son más las personas que optan por llevar tupper a la oficina o recurrir al menú del día. Sin embargo, más allá de la elección concreta, los especialistas insisten en que los hábitos asociados a la comida, como hacerlo con prisas, frente al ordenador o bajo altos niveles de estrés, pueden repercutir directamente en el funcionamiento digestivo. La hinchazón abdominal, las digestiones pesadas, el reflujo o el malestar intestinal son algunas de las molestias más frecuentes vinculadas a estas rutinas, que a menudo se normalizan como parte del ritmo laboral.

La doctora Ana Isabel Ortiz, gerente del Área de Salud de Grupo Farmasierra, subraya que no solo importa el tipo de alimento, sino también cómo, cuándo y dónde se consume. El tupper puede ser una alternativa equilibrada y económica, ya que permite controlar ingredientes y cantidades, pero si no se planifica correctamente puede derivar en menús repetitivos, pobres en fibra o con exceso de hidratos refinados. Por su parte, los menús copiosos o la comida rápida suelen implicar un mayor consumo de grasas, salsas, fritos y bebidas carbonatadas, lo que puede sobrecargar el sistema digestivo y favorecer digestiones más lentas.

Además, el estrés laboral desempeña un papel determinante. El eje intestino-cerebro, que conecta el sistema nervioso central con el tracto digestivo, responde de forma directa a situaciones de tensión prolongada. Comer en un estado de alerta constante puede alterar la secreción de jugos digestivos, modificar la motilidad intestinal y contribuir a desequilibrios en la microbiota, el conjunto de microorganismos que habitan en el intestino y que participan en procesos clave como la digestión, la respuesta inflamatoria y el bienestar general.

En este contexto, adoptar pequeños cambios puede marcar la diferencia. Los especialistas recomiendan planificar las comidas para asegurar variedad y equilibrio nutricional, priorizar platos ligeros con verduras, proteínas magras y guarniciones sencillas, evitar el exceso de grasas y bebidas con gas, y mantener horarios regulares. Tan importante como el contenido es el momento: comer despacio, sin distracciones y dedicando un tiempo exclusivo a la comida favorece una mejor digestión.

Cuando los hábitos no son suficientes y las molestias se repiten, el uso de probióticos con evidencia científica puede constituir un apoyo complementario para modular la microbiota intestinal y mejorar los síntomas. En cualquier caso, los expertos coinciden en que no se trata de elegir entre tupper o restaurante, sino de integrar una alimentación ordenada, consciente y adaptada al ritmo laboral para proteger la salud digestiva a largo plazo.



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