
Por Medicina Responsable
14 de mayo de 2026La viralidad de un consejo sanitario lanzado por una celebridad puede convertirse en un factor de presión real en la consulta y en las decisiones de pacientes y familias. Ese es el aviso de fondo que plantea un estudio dirigido por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), que analiza cómo una recomendación difundida en un pódcast de gran audiencia se tradujo en un aumento de recetas de fármacos sin evidencia clínica para cáncer, con el riesgo añadido de que se releguen tratamientos convencionales cuya eficacia sí está probada.
El actor Mel Gibson participó en el pódcast The Joe Rogan Experience en el mes de enero del 2025. En esa conversación, Mel Gibson aseguró que tres amigos con cáncer en estadio IV se habían recuperado después de tomar ivermectina y fenbendazol, dos antiparasitarios que describió como “terapias alternativas”. Fragmentos de ese segmento circularon después por redes y acumularon decenas de millones de visualizaciones.
A partir de ese impacto, el estudio publicado en JAMA Network Open examinó los cambios en la prescripción de la combinación ivermectina-benzimidazol tras la difusión del testimonio. Para ello, los investigadores compararon los patrones de prescripción entre personas con y sin cáncer desde el 1 de enero al 31 de julio de 2025, y los contrastaron con el mismo periodo del año anterior. El análisis se basó en registros electrónicos de salud anonimizados de más de 68 millones de pacientes de la red estadounidense TriNetX, que recoge recetas emitidas a personas de 18 a 90 años en centros ambulatorios y servicios de urgencias.
El análisis concluye que las tasas generales de prescripción en toda la cohorte se duplicaron durante los meses posteriores a la entrevista, frente al mismo tramo de 2024. Entre las personas con cáncer, el incremento fue aún mayor: las tasas de prescripción fueron más de 2,5 veces superiores en el periodo más reciente. Además, en el sur de Estados Unidos, el aumento superó el triple en esos seis meses de 2025 respecto al año previo.
El estudio también describe en qué perfiles se concentró el mayor crecimiento: hombres, pacientes blancos, residentes en el sur del país y personas con cáncer. “Como médico de atención primaria, quiero que mis pacientes y la gente de todo el país tengan la oportunidad de recibir tratamientos que sabemos que pueden ayudarlos a vivir vidas más largas y saludables”, señala John N. Mafi, autor principal. Y añade que, cuando un tratamiento no probado se dispara tras “un solo pódcast”, “surge la preocupación de que los pacientes puedan estar omitiendo o retrasando tratamientos que sabemos que funcionan en favor de algo que no ha demostrado serles útil”.
Los autores recuerdan que, aunque tanto la ivermectina como algunos fármacos benzimidazólicos han mostrado actividad anticancerígena en estudios con células de laboratorio y animales, no existen ensayos clínicos que hayan demostrado su seguridad o eficacia para tratar cáncer en humanos. En paralelo, subrayan que la ivermectina sí está aprobada por la FDA para infecciones parasitarias en personas, mientras que el fenbendazol está aprobado únicamente para uso veterinario.
En esa misma línea, el trabajo plantea el reto de cómo responder cuando un mensaje se viraliza antes de que haya tiempo de contextualizarlo. “A menudo nos centramos en cómo incorporar la evidencia a la práctica de manera eficiente”, apunta la coautora Michelle Rockwell. “No obstante, estos hallazgos nos recuerdan que ciertos factores pueden influir en la atención médica con mucha rapidez. El reto para los sistemas de salud radica en cómo brindar a los pacientes información oportuna y confiable en ese preciso momento”.