
Por Santiago Melo
14 de mayo de 2026El Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en Canadá, Estados Unidos y México, podría estar marcado por un factor que ya condiciona cada vez más a los grandes eventos deportivos: el calor extremo. Un análisis de World Weather Attribution, iniciativa formada por investigadores de varias instituciones, entre ellas el Centro de Política Medioambiental, el Imperial College de Londres, el Instituto Meteorológico Real de los Países Bajos y el Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, estima que cerca de una cuarta parte de los 104 partidos previstos se disputarán probablemente en condiciones que superan las directrices de seguridad del sindicato de futbolistas FIFPRO.
El informe utiliza el índice WBGT (temperatura de bulbo húmedo y globo), que combina temperatura y humedad para medir el estrés térmico real sobre el cuerpo. Según los autores, alrededor de 26 partidos podrían superar los 26 ºC de WBGT, umbral a partir del cual FIFPRO recomienda introducir pausas para refrescarse. Además, cinco encuentros podrían rebasar los 28 ºC, un nivel que el sindicato considera incompatible con jugar con seguridad y ante el que plantea el aplazamiento.
Los científicos subrayan que el riesgo ha aumentado de forma significativa desde el último Mundial celebrado en Estados Unidos en 1994. La comparación apunta a un escenario en el que las condiciones peligrosas serían más frecuentes y, sobre todo, más extendidas geográficamente, con especial exposición en algunos estadios al aire libre y en ciudades con veranos especialmente cálidos y húmedos.
Entre las sedes con mayor vulnerabilidad figuran recintos como los de Miami, Filadelfia, Kansas City y Nueva York/Nueva Jersey, además de otros como Boston o Monterrey, según el propio análisis. El documento advierte de que, incluso ajustando horarios, los riesgos pueden persistir: el calor húmedo puede mantenerse elevado a última hora de la tarde y limitar la capacidad del organismo para enfriarse mediante el sudor.
El informe también pone el foco en la diferencia entre umbrales. Mientras FIFPRO considera que a partir de 28 ºC de WBGT jugar no es seguro, las reglas vigentes del organizador solo contemplan aplazamientos con valores superiores, lo que, en la práctica, implica intervenir más tarde. En cualquier caso, los autores señalan que no se trata solo de rendimiento deportivo, sino de salud: con humedad alta, la deshidratación y el golpe de calor se vuelven más probables, y la exposición también afecta a árbitros, personal y espectadores.
En este contexto, expertos consultados por Science Media Centre España han insistido en que el calor húmedo es un riesgo fisiológico específico. “Llega un momento, cuando la temperatura del bulbo húmedo supera los 26-28 ºC, en que tenemos dificultades para termorregular a través de la sudoración, lo que puede desencadenar el colapso en nuestro organismo”, explicó Víctor Resco de Dios, profesor de la Universitat de Lleida e investigador de Agrotecnio.
En la misma línea, Julien Périard, catedrático y director del Instituto de Investigación del Deporte y el Ejercicio de la Universidad de Canberra, pidió revisar los criterios actuales: “Es necesario que la FIFA tome medidas con respecto a su política actual de utilizar un WBGT de 32 ºC para aplicar pausas de refrigeración e hidratación durante los partidos”, advirtió, al tiempo que planteó una política de estrés térmico más específica para el fútbol, con medidas escalonadas que incluyan pausas más eficaces y, si es necesario, aplazamientos.
Los autores del análisis concluyen que garantizar un torneo seguro requerirá tanto adaptación (horarios, protocolos, sombra, hidratación, asistencia sanitaria y, donde sea posible, infraestructuras de refrigeración) como mitigación a mayor escala: si el calentamiento global continúa, las competiciones veraniegas en el hemisferio norte serán cada vez más difíciles de organizar sin asumir riesgos crecientes para la salud.