
Por Medicina Responsable
8 de abril de 2026La terapia de oxígeno hiperbárico se apoya en la idea de aumentar la cantidad de oxígeno disponible para los tejidos cuando el cuerpo necesita reparar, combatir una infección o recuperarse de una lesión. Para ello se utiliza una cámara hiperbárica, un dispositivo médico cerrado en el que el paciente respira oxígeno medicinal a una presión superior a la atmosférica, que puede llegar a ser hasta tres veces la normal. La presión se incrementa de forma gradual y, durante la sesión, el paciente permanece dentro de la cámara en un ambiente cálido, ya que la temperatura puede subir ligeramente con el aumento de presión.
Según los especialistas, al elevar el oxígeno disuelto en la sangre y facilitar su llegada a zonas con peor riego, esta terapia puede contribuir a reducir inflamación, favorecer el flujo sanguíneo y acelerar procesos de reparación. Entre los efectos que se describen están el estímulo de la creación de nuevos capilares, la regulación de la formación de colágeno y el apoyo al sistema inmunitario, con el objetivo de que los tejidos dañados dispongan de mejores condiciones para cicatrizar.
En la práctica clínica, la oxigenoterapia hiperbárica se utiliza con frecuencia en heridas crónicas o de difícil cicatrización, pie diabético, úlceras vasculares arteriales, venosas o mixtas, y en complicaciones de heridas quirúrgicas. También se contempla en escenarios más complejos, como infecciones necrotizantes de tejidos blandos, lesiones por aplastamiento, síndrome compartimental y otras isquemias traumáticas agudas, quemaduras térmicas, osteomielitis refractaria, síndrome de isquemia-reperfusión y lesiones por radiación, además de indicaciones conocidas como la intoxicación por monóxido de carbono o la enfermedad por descompresión.
Fuera del ámbito estrictamente asistencial, su uso se ha extendido también a la recuperación de lesiones deportivas y traumatológicas y a programas orientados a mejorar la recuperación tras esfuerzos intensos. En ese terreno, la indicación está más medida. Suele considerarse en atletas sometidos a altas cargas de entrenamiento, corredores con competiciones frecuentes o deportistas que buscan optimizar la recuperación tras determinadas lesiones, siempre con una selección adecuada del caso.
Los especialistas insisten en que no es una terapia “para cualquiera” y que debe realizarse tras una valoración médica previa. Existen contraindicaciones, como el neumotórax no tratado, algunas infecciones de oído o determinadas patologías pulmonares, y los protocolos no son iguales para todos. “Cada deportista es distinto y responde de manera diferente”, señala el doctor Facundo Sebastián Robles, de la Unidad de Medicina Hiperbárica de Vithas Madrid Arturo Soria. “Por eso la personalización es clave para obtener beneficios potenciales de forma segura”.
En cuanto a la pauta, los expertos recuerdan que no hay una regla universal sobre cuándo empezar ni cuántas sesiones realizar. En determinados pacientes seleccionados, y siempre tras una evaluación individual, puede valorarse iniciar sesiones dentro de las primeras 24 a 48 horas tras una competición o tras una lesión, pero la duración y el número de sesiones se ajustan al tipo de problema, la evolución clínica y los objetivos terapéuticos.