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Cada ocho minutos muere una mujer en España debido a una enfermedad cardiovascular

El colesterol es uno de los principales factores de riesgo en la salud cardiovascular de las mujeres a partir de los 50 años

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Cada ocho minutos muere una mujer en España debido a una enfermedad cardiovascular

Por Nuria Cordón

7 de septiembre de 2023

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo y, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se cobran 17,9 millones de vidas cada año. Estas enfermedades constituyen un grupo de trastornos del corazón y los vasos sanguíneos que incluyen cardiopatías coronarias, enfermedades cerebrovasculares y cardiopatías reumáticas. 

El colesterol elevado sigue siendo, en la actualidad, uno de los principales factores de riesgo para la salud cardiovascular de toda la población. De hecho, de acuerdo con la Sociedad Española de Cardiología (SEC), es corresponsable del 60% de las enfermedades del corazón, siendo estas la principal causa de muerte en nuestro país, especialmente en las mujeres. En concreto, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 63.291 mujeres perdieron la vida en España en 2021 debido a una enfermedad cardiovascular, lo que significa que cada ocho minutos muere una mujer española por causas cardiovasculares, frente a los 55.905 hombres fallecidos por estas causas. “En los últimos años venimos constatando que existe un sesgo de género en la atención cardiovascular en España: las mujeres se diagnostican menos y más tarde”, explica el doctor Andrés Íñiguez, presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC).

Esta mayor prevalencia en el sexo femenino se debe, en parte, “a la baja percepción que tienen ellas mismas sobre el problema del riesgo cardiovascular y la interpretación de sus síntomas, especialmente a partir de la menopausia”, comenta el doctor Íñiguez.

Mayor riesgo con la menopausia

El riesgo cardiovascular en la mujer se incrementa a partir de los 50 años y la menopausia. Los cambios hormonales que el organismo femenino experimenta contribuyen a ello, de forma que la mujer puede ver alterados muchos de los parámetros de salud que hasta ahora había tenido bajo control. Por ejemplo, esta etapa suele conllevar una redistribución de la grasa corporal, haciendo que se acumule mucha más en la zona abdominal de lo que vendría siendo habitual.

El perímetro de la cintura elevado, que según la SEC se puede medir con una cinta métrica a la altura del ombligo, y en el caso de la mujer no debería exceder los 88 cm, es en sí mismo un factor de riesgo cardiovascular, pues está relacionado con otros problemas metabólicos como un empeoramiento del perfil glucémico (azúcar o glucosa en sangre), de la presión arterial o del perfil lipídico (niveles en sangre de grasas, como colesterol o triglicéridos). Es más, según la SEC, durante esta etapa se pueden producir incrementos de entre un 10% y un 15% de los niveles de colesterol LDL (colesterol malo) y triglicéridos, y pueden bajar levemente los niveles de colesterol HDL (colesterol bueno), provocando un aumento del riesgo cardiovascular en la mujer de forma silenciosa.

Ante esta realidad, es importante sensibilizar “sobre los cambios metabólicos que se producen en la menopausia y la necesidad de realizar un mayor seguimiento. Si conseguimos que la mujer sea más consciente de que hay momentos en su vida en los que es clave realizarse una revisión cardiovascular para detectar la existencia o no de factores de riesgo cardiovascular, entre ellos, una anormal y elevada tasa de colesterol en sangre o un posible empeoramiento de sus cifras previas de colesterol, podremos evitar un evento cardiovascular”, comenta el doctor Íñiguez.

Prevención: clave para mitigar los riesgos 

La Fundación Española del Corazón (FEC) recuerda la importancia de llevar un estilo de vida saludable para controlar los factores de riesgo cardiovascular, entre ellos el colesterol. Es importante seguir una dieta equilibrada, basada en el consumo de vegetales, legumbres, cereales, hortalizas y frutas, y limitando la ingesta de grasas saturadas. Asimismo, es recomendable el consumo de lácteos enriquecidos con esteroles vegetales que bloquean la absorción del colesterol a nivel intestinal, el aceite de oliva virgen extra o el pescado azul, ricos en grasas cardiosaludables. 

La alimentación equilibrada debe complementarse, además, con la práctica de ejercicio regular de intensidad moderada: caminar, realizar una carrera suave o practicar ciclismo o natación aumenta el HDL (colesterol bueno) y reduce el LDL (colesterol malo) y los niveles de triglicéridos. La práctica de ejercicios de fuerza para reforzar la masa muscular también es clave en este proceso. Además, según la OMS, se ha demostrado que el abandono del consumo de tabaco, la reducción de la sal en la alimentación, el aumento de la ingesta de frutas y verduras, la actividad física regular y la evitación del consumo nocivo del alcohol reducen el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Por ello, las políticas de salud orientadas a crear entornos propicios para que las opciones saludables se encuentren disponibles y sean asequibles resultan esenciales para motivar a las personas a adoptar y mantener comportamientos saludables.



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