
Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable
3 de agosto de 2026El verano es una de las estaciones en las que más personas se tatúan o muestran sus tatuajes con orgullo. La ropa ligera, las vacaciones y el aumento de la vida al aire libre hacen que parezca el momento ideal. Sin embargo, desde el punto de vista dermatológico, el verano es también una época en la que los tatuajes pueden sufrir más: el sol, el sudor, la arena, el cloro y el agua salada pueden afectar tanto a la cicatrización como a la conservación del dibujo.
Un tatuaje reciente es, de alguna forma, una herida cutánea, en la que un producto tóxico (tinta) es introducido en la dermis a través de unas agujas, provocando una lesión que necesita tiempo para cerrarse y repararse. Durante ese proceso la piel se vuelve más vulnerable a infecciones, irritación y pérdida de color. En verano, además, el problema se multiplica porque la piel está más expuesta a agresiones externas y hay un aumento de la sudoración, lo que favorece la humedad, el roce y la contaminación de la zona.
Tampoco hay que olvidar que la radiación ultravioleta puede alterar la tinta del tatuaje, acelerando el envejecimiento de esa zona de la piel y favoreciendo cambios de la pigmentación o pérdida de definición. Y no solo estamos hablando de estética, la piel tatuada también puede irritarse o inflamarse más si recibe sol de forma intensa mientras está en proceso de curación.
Las primeras semanas después de hacerse un tatuaje son las más delicadas. Durante este periodo conviene lavar la zona con agua y jabón neutro, secarla con suavidad y aplicar la crema recomendada en capa fina, sin saturar la piel. El objetivo es mantener la zona limpia e hidratada, pero no “embadurnada”, porque el exceso de crema puede dificultar la respiración de la piel.
Otra medida a tener en cuenta es evitar tocar el tatuaje con las manos sucias, no rascarse -aunque pique- y no retirar las pequeñas costras que puedan aparecer o la piel descamada, ya que si se arranca esa capa antes de tiempo aumenta el riesgo de dejar zonas con peor pigmentación o, incluso, pequeñas cicatrices. Así mismo, la fricción continua con ropa ajustada, mochilas, cinturones o arena de playa también puede retrasar la curación.
Uno de los peores enemigos del tatuaje es tomar el sol directamente, ya que la exposición puede irritar la piel y alterar el resultado final del diseño. Por eso, tras la realización de un tatuaje es conveniente cubrirlo con ropa limpia y transpirable, evitar la exposición solar tanto como sea posible durante las primeras semanas.
La playa y la piscina también requieren mucha prudencia, puesto que el agua salada y el cloro pueden irritar la piel y favorecer las complicaciones, especialmente si el tatuaje aún no ha cerrado totalmente. Además, sumergir una herida reciente en el mar o en piscinas aumenta el riesgo de infección. Si el tatuaje se encuentra en fase de curación, lo más sensato es evitar baños largos y no mojar la zona de forma innecesaria.
Una vez que el tatuaje ha cicatrizado lo más importante es realizar una buena fotoprotección, ya que los rayos ultravioletas pueden hacer que la tinta pierda intensidad y que el tatuaje envejezca peor. Por eso, ante la más mínima exposición solar conviene aplicar un protector de amplio espectro, idealmente con SPF 30 o superior y hacerlo de forma regular.
También ayuda mantener la piel bien hidratada aplicar cremas sin perfume ni alcohol, porque la piel seca tiende a verse más apagada y puede hacer que el tatuaje tenga una menor definición. La hidratación no “revive” la tinta, pero sí mejora el aspecto general de la piel tatuada y reduce la tirantez.
Otro error común es pensar que como el tatuaje ya no duele, ya no necesita cuidado. En realidad, la protección solar debería formar parte de nuestra rutina durante todo el año, no solo durante los meses de verano. Otro fallo habitual es usar productos muy perfumados, exfoliantes o cremas agresivas sobre un tatuaje reciente, lo que puede irritar la piel y retrasar la cicatrización.
En definitiva, tatuarse en verano no está prohibido, pero sí exige una mayor responsabilidad. Si sabemos que vamos a pasar muchas horas expuestos al sol o sumergidos en el agua quizás convenga aplazar el tatuaje unas semanas; y si finalmente decidimos hacerlo es conveniente planificar nuestras vacaciones teniendo en cuenta el proceso de cicatrización.