
Por Medicina Responsable
14 de octubre de 2026La piel también se puede entrenar. De la misma manera, que ejercitamos la masa muscular o la movilidad, a lo largo de nuestra vida debemos cuidarla para evitar daños y preservar su función de barrera.
“Hay cambios asociados a la edad que no podemos modificar, pero también factores sobre los que sí podemos actuar. Entrenar la piel consiste en cuidarla de forma constante, no en intentar corregir en poco tiempo el daño acumulado durante años”, explica el doctor Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI).
Cuando habla de factores, el doctor se refiere a la edad, la genética y el exposoma, que es la huella que dejan el entorno y el estilo de vida. En ella se incluyen la radiación ultravioleta, la contaminación, el tabaco, el estrés, el sueño o la alimentación.
Los expertos indican que la rutina ha de comenzar por la limpieza, la hidratación y fotoprotección. A partir de esta base, pueden incorporarse, de forma progresiva, activos destinados a necesidades concretas, siempre según la tolerancia individual.
“No necesitamos diez productos, sino saber qué utilizamos, para qué y con qué frecuencia. La irritación, la descamación persistente o la sensación de quemazón son señales de sobreactuación e irritación sobre nuestra piel y es fundamental consultar con el dermatólogo”, comenta el doctor Sánchez Viera.
La piel no tiene las mismas necesidades a los 30 años que a los 50 o los 60. Con la edad cambian la renovación epidérmica, la hidratación, el colágeno y la elasticidad, aunque la evolución de cada piel también está condicionada por la genética y el entorno.
Por ello, dos pieles de la misma edad pueden necesitar rutinas diferentes. Una piel de 40 años con buena genética, escaso daño ambiental y una nutrición saludable no requerirá los mismos cuidados que otra sometida a una exposición solar intensa y continuada, con fototipo claro, pecas y cabello pelirrojo.
En las mujeres, el descenso de estrógenos asociado a la menopausia puede favorecer una mayor sequedad y cambios en el grosor y la firmeza de la piel. Por este motivo, la rutina debe ajustarse a la edad, la genética, el exposoma, el estado cutáneo y la tolerancia individual, y revisarse a medida que cambien las necesidades.
Con el paso del tiempo y siempre tras una valoración profesional, pueden incorporarse tratamientos dermatológicos de distinta intensidad. Entre ellos se encuentran las microinfiltraciones de ácido hialurónico con efecto booster y diversas terapias láser, que estimulan el colágeno y ayudan a regenerar la superficie cutánea. La elección debe responder a las características y necesidades de cada piel.
“Cumplir años implica que la piel cambie. El objetivo es reducir el daño evitable, respetar la función barrera y tratar aquello que realmente lo necesite. No podemos detener el paso del tiempo, pero sí cuidar mejor nuestra piel durante ese recorrido”, concluye el doctor Sánchez Viera.