
Por Ernesto Saénz de Buruaga
13 de agosto de 2026“En Ceuta se vive una emergencia humanitaria y sanitaria que exige una respuesta de Estado”. Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), me contaba tras su visita a la ciudad autónoma que estaba impresionado por lo que había visto y había vivido. Eran las diez de la noche y tras una jornada agotadora me hacía partícipe de su vivencia. Lo primero que quiso explicarme era que la realidad, pisar el terreno, era mucho mas dramática que lo que podían transmitir las imágenes que había visto en la televisión. Me trasladaba, con pena y amargura, su paso por el hospital universitario, las conversaciones mantenidas con los profesionales con una carga emocional que llegaba a que algunos rompieran a llorar al contar las experiencias que han vivido desde la ocupación de la ciudad. Médicos sobrepasados, agotados, que atienden pacientes dentro y fuera del hospital , y que han visto morir a personas muy jóvenes en circunstancias que no podrán olvidar.
Me decía que esos profesionales están dando lo mejor de sí mismos y tiene un sentimiento de profundo agradecimiento porque honran su profesión y dan sentido a su vocación. No había tristeza en sus palabras. Había orgullo hacia los médicos y profesionales de la sanidad, quienes frente a la adversidad y el cansancio, su única meta es lo que define su profesión: servir a los demás.
Había indignación cuando me contaba su paso por el centro habilitada para niñas. Mas de 200 chicas hacinadas en la calle, atendidas por voluntarios en torno a la ONG “Humanidad sin fronteras”. Estaba impresionado al recordar los asentamientos improvisados donde cientos de menores viven en condiciones de extrema vulnerabilidad, o su paso por la playa del Trampolín donde miles de personas improvisan choznas y reciben alimentación, y asistencia básica, gracias fundamentalmente al esfuerzo de voluntarios de la Cruz Roja y de profesionales que al terminar su jornada hospitalaria acuden allí a prestar asistencia.
Lo que ha visto, me decía, no es compatible con la imagen de un país desarrollado. Y plantea un desafío de salud pública de una dimensión que supera la capacidad de la ciudad. No solo por las enfermedades que empiezan a aparecer, sino por la insalubridad del entorno donde miles de personas a diario hacen sus necesidades en las calles o en el mar. Su última reflexión era sencilla. Lo que está pasando en Ceuta es una crisis humanitaria y de salud publica que exige una respuesta coordinada, solidaria, española y europea.
Tiene razón Tomás Cobo. Pero también hay razones evidentes para que los ceutíes se sientan abandonados. El presidente promete ayuda y en 24 horas su ministro Marlaska habla de normalidad cuando simplemente mirar te hace ver que están viviendo una catástrofe, con la ausencia inadmisible de la ministra de Sanidad y ninguna solución. Pero ahí ya entra la política. La nefasta política de un Gobierno que está de vacaciones, insensible a que nos invadan Ceuta.