
Por Fernando Prados, ex viceconsejero de Sanidad de Comunidad de Madrid
10 de febrero de 2026Toledo será esta semana el escenario de un encuentro decisivo para reflexionar sobre el presente y el futuro de la sanidad española. Medicina Responsable reunirá el jueves a consejeros y directores generales de Sanidad de todas las comunidades autónomas, en unas jornadas que permitirán abordar con franqueza los desafíos que hoy condicionan la capacidad de respuesta del sistema.
No es habitual ver a los máximos responsables autonómicos sentados en la misma mesa sin presión y sin la urgencia de una crisis inmediata y, quizá por eso, esta cita adquiere un valor especial. Es una oportunidad para hablar con serenidad de lo que de verdad importa. El programa de estas jornadas refleja bien la amplitud de los retos que afronta el sistema. Habrá espacio para debatir la situación real del Sistema Nacional de Salud, para analizar el factor humano y la dificultad creciente de atraer y retener talento, para revisar el papel de la digitalización y la gestión del dato en la transformación asistencial y para abordar la sostenibilidad económica y la incorporación de la innovación con criterios de valor. Es un recorrido que permite observar el sistema desde todos sus ángulos, desde la presión asistencial hasta la planificación de profesionales, desde la reorganización de procesos hasta la financiación futura. Y esa mirada amplia es, precisamente, la que necesita nuestro sistema de salud.
Como responsable de servicios de emergencias prehospitalarias, ex viceconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y actualmente, director médico en un hospital privado, he tenido la oportunidad de observar la sanidad desde ángulos muy distintos. Y desde todos se percibe la misma sensación de fondo, una especie de tensión permanente que se ha ido instalando en el sistema. La falta de profesionales en especialidades clave ya no es una advertencia, sino una realidad que amenaza la continuidad asistencial en muchas zonas del país. La presión asistencial crece sin descanso, empujada por el envejecimiento de la población y la complejidad creciente de los pacientes. La desigualdad territorial en el acceso a recursos y prestaciones sigue siendo una herida abierta que nadie niega, pero que pocos se atreven a afrontar con la determinación necesaria. Y la renovación tecnológica avanza a un ritmo desigual, con hospitales que trabajan con equipos que ya no responden a las necesidades actuales mientras otros incorporan tecnología de vanguardia sin una estrategia común que garantice la equidad.
A todo ello se suma una coordinación entre comunidades que continúa siendo insuficiente, pese al esfuerzo de pacientes y profesionales porque el escenario exige una visión más integrada. Y, por encima de todo, persiste un debate recurrente sobre la relación entre el sector público y el privado, un debate que demasiadas veces se formula desde posiciones preconcebidas o dogmáticas y no desde la evidencia. Asociar la participación privada en los servicios públicos con deterioro o venta de los mismos es una falacia manida que no va a ser verdad por mucho que se repita. La realidad es que ambos sectores conviven, se necesitan y, en muchos casos, se complementan. Negarlo no fortalece el sistema, lo debilita.
En este contexto, la reciente huelga de médicos es un recordatorio incómodo de que el malestar profesional no es un fenómeno aislado. La gestión del Estatuto Marco desde el Ministerio ha puesto de manifiesto cómo una reforma necesaria puede convertirse en un conflicto evitable cuando no se escucha a quienes sostienen el sistema cada día. La falta de diálogo, la precipitación, las nulas ganas de mejorar el sistema y la ausencia de una visión realista sobre las condiciones laborales de los profesionales han generado un problema que no solo era previsible, sino que podría haberse evitado con una mínima voluntad de consenso. La sanidad no puede permitirse errores de este calibre cuando ya opera al límite.
El Fórum de Salud de Toledo llega, por tanto, en un momento en el que la sanidad española necesita menos diagnósticos repetidos y más decisiones valientes, como ha escrito el consejero de Cantabria, Cesar Pascual. Conocer cómo cada comunidad está reorganizando su atención primaria, gestionando sus listas de espera o avanzando en digitalización permitirá identificar estrategias que funcionan y señalar sin ambigüedades aquello que debe cambiar. La diversidad territorial puede ser una fortaleza si se comparte con sinceridad y lealtad lo que da resultados. La planificación a medio y largo plazo ya no es una opción, es una obligación.
No se resolverán todos los retos en dos días, pero sí puede marcarse un punto de inflexión. La sanidad española necesita una visión compartida, un compromiso estable y la voluntad de afrontar reformas que llevan demasiado tiempo esperando. Encuentros como este pueden ayudar a construir ese horizonte común, siempre que exista la determinación de transformar las conclusiones en acciones reales.
Me comprometo a seguir de cerca lo que ocurra en Toledo, porque lo que allí se debata influirá directamente en la calidad, la equidad y la viabilidad futura de un sistema que es esencial para todos. Y quizá este sea el momento de reconocer que ya no basta con mantener lo que tenemos. Ha llegado la hora de decidir qué sanidad queremos y de asumir, sin excusas, el compromiso de construirla.