
Por Fernando Prados, ex viceconsejero de Sanidad de Comunidad de Madrid
21 de septiembre de 2026Tuve la suerte durante muchos años de trabajar en SAMUR-Protección Civil, donde la medicina va hasta donde está el paciente. Profesionales, tecnología, medicación y recursos materiales se desplazan rápido hasta el lugar de la emergencia y allí se presta el diagnóstico y el tratamiento y, cuando es necesario, se traslada al paciente al hospital más adecuado para continuar su atención. Aquella experiencia me enseñó que la capacidad asistencial no tiene por qué estar vinculada exclusivamente a un edificio y que es posible organizar los recursos para atender al paciente allí donde los necesita.
Hoy, el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas nos obligan a aplicar ese principio a una realidad asistencial muy diferente. Cada vez atendemos a más personas con varias patologías, tratamientos prolongados y un riesgo elevado de descompensación. Son pacientes que necesitan seguimiento y continuidad, no solamente una respuesta cuando aparece una complicación. Sin embargo, seguimos concentrando buena parte de nuestros recursos en consultas, Urgencias y hospitalización, mientras la atención domiciliaria y la vigilancia clínica a distancia continúan teniendo un desarrollo limitado. Podemos aumentar la capacidad de los hospitales, pero si no modificamos la forma de atender a estos pacientes, seguiremos ingresando a muchos de ellos por complicaciones que podríamos haber detectado y tratado antes.
No partimos de cero. Dinamarca ha avanzado en la atención próxima al domicilio, el NHS desarrolla hospitales virtuales y Medicare contempla programas de asistencia hospitalaria en casa. En España tenemos una larga experiencia en terapias respiratorias domiciliarias. En el Infanta Leonor, el Dr. Carlos Bibiano y la Dra. María Mir desarrollan Hospital Sin Paredes, mientras el Clínico San Carlos cuenta con programas de seguimiento cardiovascular a distancia, ámbito en el que trabaja el Dr. José Antonio García Donaire. El Ramón y Cajal, por su parte, cuenta con el proyecto Cardiologia 365, premio Latido 2026 a la innovación, que lleva el seguimiento cardiaco de los pacientes más allá de las consultas. Liderado por el doctor Zamorano, el proyecto plantea un seguimiento longitudinal y continuo que acompaña al paciente durante todo el año, los 365 días, independientemente de cuándo tenga su próxima cita presencial. Conocemos las posibilidades de estos modelos, pero seguimos tratando como proyectos singulares lo que debería formar parte de la organización habitual de los servicios. El reto no es multiplicar pilotos, sino extender los que aportan resultados y dotarlos de continuidad.
Tampoco basta con trasladar al domicilio las prestaciones que antes realizábamos en el hospital. Hay que identificar a los pacientes de mayor riesgo, establecer quién se responsabiliza de su seguimiento y disponer de mecanismos para intervenir ante los primeros signos de deterioro. La monitorización y la estratificación poblacional sirven de poco si una alerta no tiene un profesional que la valore y un circuito capaz de responder. El objetivo es evitar descompensaciones e ingresos prevenibles, no sustituir indiscriminadamente la atención presencial.
Esto exige que la información clínica acompañe al paciente entre el hospital, Atención Primaria, los servicios sociales y su domicilio, también cuando recibe asistencia en la sanidad pública y en la privada. Iniciativas como miHC y el Espacio de Datos de la Sanidad Privada de la Fundación IDIS avanzan en esa dirección. No podemos hablar de continuidad asistencial si cada profesional conoce únicamente lo ocurrido en su centro. La historia clínica pertenece al paciente.
Atención Primaria debe asumir un papel fundamental y para ello necesita recursos, tecnología y capacidad resolutiva, pero también modificar su organización. El seguimiento del paciente crónico no puede depender de que solicite una cita. Hay que identificar activamente a las personas vulnerables, planificar sus revisiones y trabajar con el hospital, enfermería, farmacia y servicios sociales. No tiene sentido impulsar un hospital sin paredes si Atención Primaria continúa organizada fundamentalmente alrededor de la demanda.
La sanidad privada, con sus propias características asistenciales y de aseguramiento, también debe avanzar hacia un seguimiento más proactivo y una mayor atención fuera de sus centros. En ambos ámbitos debemos evitar que el domicilio reproduzca la fragmentación entre especialidades y dispositivos.
Poner al paciente en el centro significa asumir la responsabilidad sobre su proceso asistencial completo, no sólo sobre el episodio que atendemos en nuestra consulta o nuestro hospital. Disponemos de experiencia, profesionales y tecnología. Lo que necesitamos ahora es convertir esa forma de trabajar en una decisión de organización sanitaria.