
Por Clara Bravo
20 de agosto de 2026La salud mental de muchos de los habitantes de Ceuta, incluidos enfermeros, médicos y auxiliares sanitarios, no es buena, por emplear un eufemismo amable. Me cuenta una amiga, que vive allí, que el otro día se le echó a llorar una enfermera, y que, ella misma, acostumbrada cuando sus hijos tienen vacaciones en bajar a la playa casi todos los días, no sólo no pueden, sino que le da miedo que salgan solos a la calle, lo que produce, en toda la familia, una sensación psíquica de secuestro, es decir, falta de salud mental.
Me he acordado que, antes de ir a visitar Ceuta, la ministra de Sanidad, andaba preocupada por la salud mental de los madrileños, e inquirió a la Comunidad de Madrid qué se estaba haciendo para neutralizar el choque emocional de lo que, con los incendios, habían visto perdidas sus cosechas o su casas. La Comunidad le informó del despliegue de un equipo de psicólogos y terapias emocionales, hacía ya dos semanas.
A mí eso me gustó, porque demuestra la sensibilidad de una ministra. Sin embargo, lo que me desconcertó fue que no tuvo una preocupación similar por la salud mental de los ceutíes. No lo entendía. Hasta que un amigo me ha informado de que la ministra de Sanidad, cuando deje de serlo, quiere ser presidenta de la Comunidad de Madrid, y no se pierde un gesto electoral que le pueda ayudar a lograrlo.
Ahí, me percaté de que la salud mental de la ministra no necesita ninguna ayuda, y funciona con perfección, dentro de los parámetros de sus cálculos políticos, su egoísmo y sus intereses personales. Por eso mismo, su insistencia en que en Ceuta todo está normal, es coherente con sus fines y una falta de sensibilidad evidente y clara.