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La profesión médica hay que contarla con honestidad

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La profesión médica hay que contarla con honestidad

Por Juan Abarca, presidente de HM Hospitales

17 de marzo de 2026

Hace unos días escribía sobre lo poco acertado de llamar “cláusula de penosidad” al complemento que pretende compensar el valor de la hora de guardia frente a la jornada ordinaria. Lo hacía en el contexto del mensaje que estamos trasladando a los más jóvenes: huelgas, burnout, agresiones… una narrativa que empieza a presentar a la Medicina casi como una condena.

Ahora, con la huelga reactivada y sin tener muy claro hacia dónde va, creo que merece la pena intentar enfocar este debate de otra manera. 

Trasladar otra imagen de la profesión. Aunque resulte incómodo. Aunque no todos estén de acuerdo.

Y es que, para empezar, la Medicina, ser médico, no es para todo el mundo. Y no pasa nada por decirlo.

Ser médico es, probablemente, una de las profesiones más extraordinarias que existen.

Pocas actividades te permiten tener un impacto tan directo en la vida de las personas. Pocas te devuelven tanto en forma de agradecimiento. Pocas combinan conocimiento, responsabilidad y sentido de propósito de esta manera.

Ahora bien, ese privilegio tiene un precio.

Ser médico exige renuncias. Exige noches sin dormir, fines de semana trabajando y decisiones difíciles cuando otros descansan. Exige asumir que un parto no entiende de horarios, que una reintervención puede surgir a las tres de la mañana y la debe hacer quien hizo la anterior intervención, o que un paciente crítico no puede esperar porque la atencíon a veces es 24x7.

La Medicina no es un trabajo diferido. Es responsabilidad en tiempo real. Y eso implica que a veces no es posible conciliar laboralmente. 

Como por cierto pasa en otras muchas profesiones. Y no se puede tener todo.

No se puede querer eliminar guardias, mejorar salarios, reducir la carga asistencial, tener la plaza en propiedad y mantener intacto el modelo actual. 

Si queremos otra cosa, habrá que cambiar las reglas del juego por completo e introducir sistemas que reconozcan de verdad el mérito, la actividad y la responsabilidad.

También conviene decir algo más: si no estás dispuesto a asumir lo que implica ser médico, probablemente no es tu profesión.

Porque el problema no es que la Medicina sea exigente. El problema sería fingir que no lo es.

Y hay algo aún más preocupante. Si todo el discurso público sobre la Medicina se centra únicamente en sus dificultades, acabaremos alejando a quienes sí tienen la vocación, la capacidad y la resiliencia necesarias.

Y eso sí que es un problema. Porque sin médicos no hay sistema sanitario posible.

Necesitamos mejorar las condiciones, sin duda. Pero también necesitamos recuperar el orgullo de la profesión. Y que los jóvenes entiendan lo que supone esta profesión con honestidad.

El prestigio no se reclama. Se construye. Y la Medicina, bien entendida, tiene todos los ingredientes para seguir siendo una de las profesiones más bonitas que existen.

A ver si somos capaces de volver a contarlo también así.



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