
Por Peter BABEL
9 de marzo de 2026Si las cejas son un prudente y acertado empapador del sudor de la frente, las pestañas protegen nuestros ojos del polvo, el polen, o las minúsculas partículas arenosas, que levanta el viento.
Esta sabia disposición de la madre Naturaleza se ha visto influida por las estéticas de la moda, que requieren pestañas más largas de las que nos protegen de forma normal. Merced a esa exigencia, hay en el mercado diversos productos que contribuyen a que la protección inicial sea más larga y tupida, pero no por razones de protección ocular, sino de estética.
Nada que oponer a la estética, siempre y cuando no sea perjudicial. Pero resulta que lo es, porque las sustancias del específico crecepelo de las pestañas, puede reunir efectos secundarios que pueden varias el color del iris y del ojo en general.
Medicina Responsable ya explica en estas páginas del peligro. Lo que me llama la atención es que, el vigilante feminismo, conceda escasa atención a estos inconvenientes. Estoy convencido de que una feminista que recibiera el piropo antiguo de “no cierres y abras los ojos con tanta rapidez, que me resfrío” (aludiendo a las pestañas muy largas) podría enfadarse por considerarlo un acoso, y respeto la suspicacia. Lo que me desconcierta es que el piropo -considerado ya como machista en cualquier circunstancias- sea considerado más peligroso que un producto que te puede llevar a la consulta del oftalmólogo, y que tenga consecuencias, incluso sobre el feto, en las mujeres embarazadas.
Espero no ser tachado de machista. No es mi intención. Sólo me guía la salud ocular de las mujeres.