
Por Fernando Prados, ex viceconsejero de Sanidad de Comunidad de Madrid
14 de agosto de 2026Imagino a Mónica García preparando por fin la maleta para viajar a Ceuta. Ha anunciado que irá «en las próximas semanas». No parece tener demasiada prisa. Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial ha llegado antes, ha escuchado a los profesionales y ha hablado de una crisis de salud pública. Mientras, la ministra insiste desde Madrid en que no pasa nada, que no hay colapso.
Así que quizá podamos ayudarla a preparar el equipaje.
Lo primero que debe meter es el fonendoscopio. No porque necesite auscultar a nadie, sino para recordar algo elemental de nuestra profesión. Antes de tratar hay que diagnosticar correctamente. Y, sobre todo, no inventarse el diagnóstico que nos gustaría encontrar.
Este Ministerio parece utilizar demasiadas veces el procedimiento contrario. Primero decide cuál es la realidad que le conviene y después selecciona los datos que permiten sostenerla, preferiblemente envueltos en ese recurrente sucedáneo de “evidencia científica”. Si la realidad resulta incómoda, siempre podemos reinterpretarla y construir un relato diferente. Y, si además encontramos a alguien a quien responsabilizar, mejor. Un plan sin fisuras, que diría Torrente.
Pero esta vez hay algo que también debe entrar en la maleta. La sanidad de Ceuta depende directamente del Ministerio a través del INGESA. No hay presidente autonómico ni consejero de Sanidad al que señalar. La competencia y la responsabilidad son suyas.
Metería también una copia del plan de catástrofes externas del propio INGESA. Ceuta acaba de ampliar las Urgencias previstas en ese plan habilitando un nuevo espacio con 25 camas. Vaya, no se lo habrían dicho. Resulta paradójico ampliar un dispositivo para catástrofes mientras se dedica tanta energía a explicarnos que la situación dista mucho de serlo. Pero hay que estar preparado, no cabe duda.
Por eso añadiría a la maleta una pequeña nota de Carlo Ancelotti. Decía que prefería los defensas pesimistas, aquellos que imaginaban que el balón podía botar mal y precisamente por eso estaban preparados. Una magnífica lección de gestión. Transmitir tranquilidad es necesario. Trabajar pensando también en el peor escenario es imprescindible.
Porque una crisis de salud pública no comienza cuando se ocupa la última cama. Hay personas viviendo en condiciones de enorme precariedad, con dificultades para garantizar higiene, seguimiento sanitario o conocer su situación vacunal. Son ellas las primeras que necesitan protección. La epidemiología no entiende de relatos y los microorganismos tampoco esperan al reconocimiento oficial de una crisis.
Reservaría un espacio importante para las palabras de Tomás Cobo. Le conozco desde hace tiempo y he hablado con él en múltiples ocasiones sobre nuestra profesión y los problemas de la sanidad. Es un médico prestigioso, sensato, profundamente humanista y con una extraordinaria concepción solidaria de la medicina. Además, sabe por experiencia propia qué significa atender pacientes donde los recursos son escasos. Por eso, cuando viaja a Ceuta, escucha y alerta de una crisis de salud pública, convendría escucharle.
Y tampoco se ha caracterizado precisamente por buscar el enfrentamiento con Mónica García, pese a que la ministra se lo ha puesto francamente difícil con una política que busca demasiado frecuentemente la confrontación con la profesión médica.
Puede, en cambio, dejar algunas cosas fuera. El tabaco puede esperar unos días. También sus debates regulatorios sobre el cannabis medicinal. Y, sobre todo, puede dejar en Madrid la lista de comunidades autónomas a las que responsabilizar.
Esta vez toca algo bastante menos ideológico y mucho más importante. Gestionar.
Así que la maleta ya está preparada. Un fonendoscopio para diagnosticar antes de inventar el diagnóstico. Un plan de catástrofes que conviene leer y aplicar. La advertencia de Ancelotti para anticipar el peor escenario. Las palabras de Tomás Cobo para hacer caso a quien sabe y ya ha estado allí. Y espacio suficiente para asumir unas competencias que esta vez son inequívocamente propias.
Sólo falta cerrarla y viajar a Ceuta. Que ya está tardando.
Porque minimizar una situación potencialmente grave y confiar en que no pase nada no es optimismo, es irresponsabilidad.