
Por Peter BABEL
24 de febrero de 2026Si nadie lo remedia, este próximo sábado, en Ciudad Real, se reunirán una serie de ciudadanos para asegurar que las vacunas son perjudiciales, y que el autismo se cura con lejía. Para el autismo, no sé, pero a mi mujer la veo, últimamente, más partidaria del amoniaco que de la lejía en cuestiones de limpieza. Naturalmente, ni ella, ni yo, usamos la lejía para luchar contra el autismo, entre otras cosas porque el hijo de unos amigos, que padece autismo, está cuidado con la medicina ortodoxa y tradicional.
Según nos hemos informado, el Consejero de Castilla-La Mancha, Jesús Fernández Sanz, ha hecho todo lo posible para que los pretendidos científicos, curanderos, santeros, hechiceros y otros componentes de la pintoresca cofradía de los milagros, no extiendan sus creencias, y aumente el número de absentistas hacia las vacunas, y se engrose el número de enfermos evitables.
Parece que les ampara la libertad de expresión, y yo soy partidario de la libertad de expresión, pero no dejo de asombrarme, cuando algún componente de la cofradía de la conspiración, asegura que, en los corchos de las botellas de vino se incrustan micrófonos para espiarnos.
Esta misma tarde voy a descorchar una botella de vino y, con el corcho delante, tras el brindis, le voy a explicar a mi mujer mi extensa opinión sobre el aumento del porcentaje de gilipollas en el mundo. Que se enteren los espías. Y ya, de paso, intentaré convencerla de sustituir el amoniaco por la lejía, no sea que alguna alfombra tenga autismo y vaya a peor.