
Por Dr. Luis Madero, jefe de Servicio de Oncología Pediátrica Hospital Quirón Pozuelo Madrid
28 de octubre de 2026En una reciente sesión de trabajo celebrada en Madrid en el marco de XFutures, un grupo internacional de médicos, gestores, aseguradores y tecnólogos recibió un encargo sencillo y vertiginoso: imaginar cómo será la sanidad dentro de una década.
El grupo resumió su visión en un titular ficticio de la Harvard Business Review de octubre de 2035: "The Borderless Cure: cómo la IA hará posible una sanidad global para todos".
Sus conclusiones confirman algo de lo que estoy convencido desde hace tiempo, el reto no es tecnológico. Se trata de conjugar tres aspectos que hoy viajan por separado: personas, datos de confianza e inteligencia artificial responsable. Y esa alineación no se improvisa: se construye, como se construye un hospital.
La primera cuestión planteada en XFutures es la más antigua de la medicina, formulada de nuevo: ¿A quién responde el ser humano y a quien qué responde la IA? No es una cuestión filosófica. Es la base de cualquier sistema que quiera ser seguro.
Mi respuesta, después de toda una vida atendiendo a pacientes, es clara. La IA debe apoyar la decisión clínica, puede detectar patrones, puede ordenar la información, recordar lo que olvidamos, sugerir opciones, pero sus propuestas requieren una valoración contextualizada que integre antecedentes, exploración, preferencias y circunstancias personales, pero la decisión, y la responsabilidad, deben permanecer siempre en el médico.
La herramienta que intente decidir por nosotros fracasará, porque ni la sociedad ni el paciente lo aceptarán. La que nos ayude a decidir mejor, con trazabilidad y sin interrumpir el acto clínico, se volverá imprescindible.
El segundo giro me parece el más lúcido: la confianza no es un valor, es una infraestructura. Se construye con seguridad, control de accesos, cumplimiento normativo y gobierno del dato. Igual que nadie operaría en un quirófano sin esterilizar, nadie debería confiar una decisión clínica a un sistema sin certificaciones serias de seguridad y de gestión de la IA.
Y hay un cambio que lo acelerará todo: en la próxima década, el dato de salud pasará a manos del paciente, no del proveedor. El paciente será soberano de su historia clínica y la llevará consigo, también a través de las fronteras.
El tercer pilar es el dato de calidad. Cuantos más datos fiables alimentan a la IA, menos errores cometerá. Pero quiero añadir algo que en XFutures quedó apenas apuntado: no basta con más datos, hacen falta datos con autoría.
La medicina siempre ha avanzado de maestro a discípulo. Aprendimos de nombres concretos, de protocolos que alguien firmaba y defendía. Una IA entrenada de forma indiscriminada con fuentes como PubMed, ClinicalTrials.gov, Cochrane Library es valiosa, pero puede no ser relevante para un paciente concreto. Por el contrario, una IA construida sobre el criterio estructurado de los mejores especialistas del mundo, con trazabilidad de quién lo dice, sí que la tiene.
Han llegado al mercado muchos asistentes clínicos basados en IA, la mayoría responden con fluidez, pero no saben explicar de dónde sale lo que dicen. Para un médico, esto no es un detalle, es la diferencia entre una herramienta y un riesgo.
Por eso creo que cualquier médico debería exigir a un asistente clínico cuatro condiciones antes de dejarlo entrar en su consulta:
▪ Autoría. Que se apoye en el conocimiento estructurado de especialistas de referencia internacional, y que se sepa quién respalda cada recomendación.
▪ Responsabilidad. Que ordene el caso, proponga diagnósticos diferenciales y señale los signos de alarma, sin decidir nunca por el médico.
▪ Integración. Que se incorpore al flujo de la consulta, también en telemedicina, sin añadir carga.
▪ Gobierno. Que tenga la seguridad, la protección del dato y la gestión de la IA como cimientos, certificados, no como añadido.
Estas soluciones ya existen y están presentes en nuestro país, y empiezan a demostrar que la visión de XFutures no es ciencia ficción: personas, datos de confianza e IA responsable, alineados al servicio del paciente.