
Por Manuel J. Guiote Linares, general médico
11 de septiembre de 2026“Aquel cuyos oídos están tan cerrados a la verdad hasta el punto que no puede escucharla de boca de un amigo, puede darse por perdido”. Cicerón (Laelius, de Amicitia, 24, 90)
Escribo desde la perspectiva de un hombre de la “calle”, lógicamente condicionada por mi edad, profesión, formación y vivencias.
Esas premisas son determinantes a la hora de interpretar la realidad que percibo, a las que no puedo sustraerme y me hacen ver más televisión de la que me gustaría y sobre una situación que nunca se debía haber dado: la invasión de Ceuta.
La situación que vivimos, la invasión, es tan grave que nunca había visto mantenerse tanto tiempo y de forma casi monográfica, un suceso en los medios de comunicación.
Esa situación, que ha distorsionado enormemente la vida de los ceutíes y vulnerando sus derechos fundamentales, nunca se hubiera dado si los responsables políticos no lo hubieran permitido, y que ha pasado por no adoptar las medidas de previsión necesarias en todos los niveles concernidos: defensa, orden público, sanidad, educación etc.
Discutir sobre si existían y cuándo llegaron los informes de inteligencia a manos de los responsables, es absurdo y estéril. Absurdo, porque ofende a la inteligencia humana el intentar ponernos en la disyuntiva de que existieran, otra cosa es hacerles caso, y estéril ya que, llegaran cuando llegaran esos informes, la capacidad de respuesta era muy limitada al no haberse tomado las medidas de prevención necesarias ante esa previsible eventualidad.
Cualquier ciudadano de Ceuta o que, como en mi caso, haya vivido allí, tiene siempre presente la posibilidad de una segunda “Marcha Verde” sobre ese territorio y la amenaza que supone para la soberanía, la presión y determinación del incomodo vecino del sur para hacerse con ella. Claro, que cuando yo vivía allí había cierta prevención y respuestas preparadas, y todas las acciones conllevaban reacciones proporcionadas. Ante una amenaza de “invasión pacífica”, no hay ninguna que lo sea, las FFAA impermeabilizaban la frontera y se ponía de manifiesto la firme determinación de defenderla. “Buenas vallas hacen buenos vecinos”.
Lo que tengo claro es que lo que ha pasado, puede ser una crisis, pero nunca una emergencia, ya que para que esta sea tal es necesario la concurrencia de la imprevisibilidad y aquí todo era previsible.
En definitiva, la discusión sobre la existencia, concreción y oportunidad en el tiempo de los avisos sobre lo que podía pasar, solo es útil para alimentar la “guerra” política y tendernos un señuelo, a los ciudadanos, para que no pensemos en: “la no prevención” y en “la no voluntad de defender la soberanía nacional y los derechos humanos de los ceutíes”.
En el medio sanitario, todo el mundo, cosa rara, está de acuerdo en que “más vale una valla en lo alto de un tajo que un hospital en el fondo”. Es decir, la medicina preventiva es un factor de vital importancia a la hora de no enfermar. En este caso que nos ocupa, cuando se tienen indicios fiables, como son los informes de inteligencia de nuestros profesionales y las percepciones de la población, no tener previsto los medios para evitarlo es una negligencia grave. Una gran medida, de medicina preventiva es impedir la entrada de los invasores, desplegando el ejército y evitando su paso por la frontera. Esto no hubiera causado muertos, como quieren hacernos creer los “falsos sacerdotes que nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino”, por su efecto disuasorio y, sin disparar un sólo tiro, hubieran evitado muertos, más de cien en este caso, de los que son culpables los falsos planteamientos humanitarios de los responsables de la inacción. Me llama poderosamente la atención que no se haga mucho más énfasis, en todos los medios de información, sobre este extremo, el más grave por irreversible, junto a la condena a la anormalidad a la que se ve avocados los habitantes de Ceuta. Se figuran que aparecería en las televisiones, se oiría en las radios y se leería en los periódicos, si en un enfrentamiento armado, para defender la frontera, de un intento de invasión militar[MI1] se hubieran producido cuarenta muertos, o un misil, israelí hubiera causado 10 muertos en un hospital, aun si era usado como Puesto de Mando.
Ya hemos visto que la primera medida de “medicina preventiva” no fue implementada, pero la siguiente tampoco se ha puesto ni se va a poner en práctica: el control de los movimientos de un personal, del cual no tenemos ningún conocimiento de su estado de salud. No sería difícil que entre 10-15 mil personas, que parece que hay ahora campando por sus respetos en Ceuta, hubiera varios casos de portadores de enfermedades transmisibles En este caso, el buenismo y mirar para otro lado, no creo que sean la mejor forma de prevención.
No voy a opinar sobre la necesidad de campos de refugiados permanentes, ni de devoluciones etc., ni de otras posibles soluciones, tengo mi opinión, pero sí lo haré sobre que, para permitir la libertad de movimientos hay que hacer un cribado del estado de salud y poder aislar a los posibles enfermos o portadores, para así minimizar los riesgos. Y también lo haré sobre que Ceuta no se puede convertir en una “ciudad colchón” que, a costa de su manera de vivir, su salud y el sacrificio de sus derechos fundamentales, sea la moneda de cambio de la ambición, injustificada y expansionista de unos y la cobardía y humanitarismo de salón, de otros.
Además, continuando con la prevención, desde el punto de vista sanitario de posibles contagios de la población y para evitar una epidemia, ahora ya no hay tiempo, tendrían que disponer de un Servicio de Infecciosas adecuado, con las suficientes medidas de seguridad y los recursos humanos y materiales suficientes y que contara con una reserva fácilmente activable. Cuando llegué a Ceuta por primera vez, en el Hospital Militar, además contar del espacio adecuado para tratar enfermedades infecto-contagiosas, disponía de una sala permanente operativa, para caso de una epidemia de colera, situación que se daba aun en Marruecos y que se podía propagar por las personas que, desde ese país, pasaban, por diversos motivos, diariamente la frontera.
He mencionado otra vez al Hospital Militar, ¡cómo se echa, ahora, de menos! ¿Verdad? ¡Qué decisión más torpe!
Voy a terminar con una serie de consejos “higiénicos” que, espero, sirvan, por lo menos, para beneficio de la seguridad y la economía de la gente de la calle, como yo:
Parafraseando a Churchill: han preferido bajarse los pantalones a la guerra, nos van a dejar la guerra y perderán los pantalones. Desde luego; Quien no quiere oír…, es imposible que lo haga.