
Por Fernando Prados, ex viceconsejero de Sanidad de Comunidad de Madrid
3 de noviembre de 2026Que hasta hoy no haya pasado es una explicación pobre para seguir haciendo las cosas igual. Sin embargo, sirve para aplazar una revisión, mantener una instalación o dejar pendiente una advertencia. Todo sigue funcionando y parece que quien plantea el problema está buscando complicaciones donde no las hay, porque aún no la hay.
Después, cuando ocurre una desgracia, esas mismas cuestiones pasan a ser urgentes. Se buscan informes, se revisan decisiones y se pregunta quién sabía qué. Habrá que hacerlo, por supuesto, pero convendría dedicar una parte de ese empeño a estudiar los riesgos mientras todavía se puede actuar sobre ellos.
En sanidad, preparar la respuesta es una obligación. También lo es intentar que esa respuesta no llegue a ser necesaria. Un hospital puede tener previsto cómo evacuar una planta y seguir arrastrando el problema que podría obligarle a desalojarla. Conocer el procedimiento no resuelve la causa y tener un plan tampoco demuestra que se haya hecho todo lo posible para proteger a los pacientes.
Hay riesgos que vienen de fuera y no pueden eliminarse desde un despacho. No se puede impedir una lluvia torrencial, pero sí estudiar por dónde entraría el agua y qué dejaría de funcionar. Lo mismo ocurre con la dependencia de un suministro. Saber que puede fallar debería llevar a tomar decisiones antes de comprobar cuánto tiempo aguanta el hospital sin él.
Ese trabajo cuesta tiempo y dinero y obliga a elegir. También exige escuchar al profesional que lleva tiempo señalando una deficiencia, aunque haya aprendido a trabajar con ella. Acostumbrarse a un problema no lo hace menos peligroso. Y que alguien consiga resolverlo cada día no debería servir de excusa para mantenerlo.
Sería injusto afirmar que detrás de cualquier catástrofe hay una negligencia. Hay situaciones imposibles de anticipar con precisión. Pero una cosa es desconocer cuándo va a suceder algo y otra distinta no haber estudiado qué podría suceder y cómo reducir sus consecuencias.
Cuando llegan los heridos hay que atenderlos y los equipos necesitan encontrar resueltas las decisiones que podían tomarse antes. Después habrá que investigar para proteger mejor a los siguientes. Para quienes ya han sufrido el daño, ese aprendizaje llega tarde. Por eso anticiparse debe formar parte de la gestión diaria, con responsables, recursos y decisiones que no sigan aplazándose. Evitar una muerte merece al menos la misma atención que organizar una buena respuesta cuando ya no puede evitarse. Eso también debe exigirse a quienes toman las decisiones.