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Con armas, pero sin soldados

Escasean profesionales en oncología radioterápica

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Con armas, pero sin soldados

Por Lucía de Mingo

24 de marzo de 2022

La protonterapia, o terapia de protones, es una potente arma que combate el cáncer. Sin embargo, en España no hay soldados suficientes que la usen para librar esta interminable guerra. Tanto la prevención como el tratamiento de esta enfermedad es uno de los grandes desafíos para la salud pública. La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada cinco hombres y una de cada seis mujeres van a desarrollar cáncer en alguna etapa de su vida.

Actualmente la batalla del cáncer la están librando procedimientos como la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia, la terapia biológica, la inmunoterapia o la terapia génica. Ahora entra en juego otro agente, pequeño, pero matón: el protón.

Los especialistas en oncología radioterápica, expertos en tratamientos de protonterapia, escasean. Y la inversión en equipos radioterápicos también. El presidente de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), Antonio Gómez, ha recalcado que la especialidad tiene un grave problema de recursos humanos.

Para formarse en esta especialidad los profesionales deben recibir una formación que oscila entre los tres y los seis meses y, a pesar de que no hay paro en esta área, hay pocos residentes que se formen en ella.

Menos invasiva y más precisa
Este tipo de terapia se usa para acabar con las células tumorales o para mitigar su desarrollo. La protonterapia se diferencia de la radioterapia en varios aspectos. Opera de forma más precisa y menos invasiva a través de protones que penetran en zonas y órganos más profundos y que no dañan los tejidos sanos. En cambio, la radioterapia emplea rayos X (fotones y electrones) que impactan negativamente en órganos y tejidos que no deberían ser radiados.

Pedro Sánchez firmó el pasado mes de octubre el Plan de Colaboración de la Protonterapia en el Sistema Nacional de Salud con el objetivo de que la sanidad pública cuente con diez unidades de protonerapia. En este convenio participaron tanto el Ministerio de Sanidad como la Fundación Amancio Ortega y las siete comunidades autónomas que se beneficiarán de esta colaboración.   “Es un paso de gigante que nos sitúa a la cabeza junto con otras grandes naciones en este tipo de tratamientos”, afirmó el presidente de Gobierno. Anteriormente solo tenían estos equipos dos centros privados, Quirónsalud y la Clínica Universitaria de Navarra.

La SEOR asegura que en torno a 725 pacientes anuales se pueden beneficiar de los resultados de este procedimiento a corto plazo. La clave reside en que esta tecnología sea accesible para todos los pacientes y que ni la inversión ni la escasez de profesionales sea un obstáculo para ello.



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