
Por Luis del Val
19 de marzo de 2026La entrevistada es doña María Martín Díez de Baldeón; el entrevistador, don Ernesto Sáenz de Buruaga, y el comentarista, un tal Luis del Val. Me imagino que si había algún anarquista en la sala se habrá marchado sospechando que este no era su ambiente.
Me llama la atención que, cuando nombraron por vez primera consejera de Sanidad a nuestra entrevistada, un periódico de La Rioja tituló “Una ingeniera de Montes, consejera de Sanidad”. Bueno, el Gobierno ha nombrado ministra de Sanidad a una médica, y resulta que tenemos a los médicos de huelga. Tuve un primo que era ingeniero de Montes y me consta que algunos ingenieros de caminos les observan con algo de superioridad, pero me consta que, cuando se construye una autopista, si no fuera por los ingenieros de Montes, que conocen la diferencia entre las tierras arcillosas y las graníticas, al primer aguacero los pilares de la autopista se caerían sin demasiada dignidad.
Vista por detrás, se observa enseguida que no toma biotina, ni suplementos de vitamina B, porque la melena es de una abundancia arrolladora, y se ha buscado un peinado cómodo y funcional. Alguna vez, cuando invade un mechón indisciplinado una zona del rostro, hace ese gesto de elegante despreocupación, iba a decir parecido al que hacen mis nietas, pero creo que hay un ancestro genético, que está generalizado en casi todas las mujeres.
Cuando sonríe la boca, sonríen también los ojos. Algunos pensarán que eso es intrínseco, pero no es cierto, hay muchas personas en las que la bienvenida afectuosa de la boca no es nada simétrica con la de los ojos. Normalmente, esa igualdad es un indicativo de sinceridad, y lo es, pero hay también un matiz de prudencia -no diría de desconfianza- lo que anuncia que no es persona fácil de engañar, y se intuye una inteligencia intuitiva que distingue lo seguro de lo incierto, con la misma facilidad que distingue los caducifolios de los perennifolios.
Su espontaneidad es acogedora, pero está controlada, porque no ha cruzado las piernas, sino los pies, una fórmula donde la comodidad no avasalla, ni se nota, y físicamente reconforta.
Me queda una curiosidad. He visto entre el público a Cuca Gamarra, una gran alcalde de Logroño, hoy en brillantes tareas parlamentarias, y me pregunto si existirá una especie de lobby femenino en La Rioja o se trata de una simple coincidencia de amistad. De cualquier manera, estas mujeres son de votos tomar, y no necesitan ni cuotas, ni padrinos, ni pancartas. Les basta su inteligencia, y que funcione, con honestidad, el reconocimiento del mérito.
Termino con una jota: “A la orillica del Ebro, me puse a considerar, porque hacemos tanto lío, con esto de la igualdad”.