
Por Medicina Responsable
3 de septiembre de 2026Un estudio publicado en Nature Medicine confima los efectos cardioprotectores de la vacuna recombinante frente al herpes zóster. Concretamente, en adultos de 60 años o más, quienes recibieron esta vacuna presentaron un 9% menos de carga de enfermedad cardiovascular durante los siete años posteriores a la vacunación que quienes habían recibido la vacuna viva atenuada. Los autores subrayan, no obstante, que los resultados deben confirmarse mediante ensayos clínicos antes de establecer una relación causal.
La investigación, liderada por la científica Fabiana Corsi-Zuelli y Maxime Taquet, aprovechó un cambio en el programa de vacunación estadounidense para tratar de minimizar uno de los principales problemas de los estudios observacionales: el denominado «sesgo del vacunado sano». En lugar de comparar personas vacunadas con personas que no lo estaban, los investigadores analizaron dos grupos de adultos que habían decidido vacunarse contra el herpes zóster, pero que recibieron vacunas diferentes debido a la transición de la vacuna viva atenuada a la vacuna recombinante en Estados Unidos.
El análisis incluyó a 72.920 personas de 60 años o más. De ellas, 36.460 habían sido vacunadas entre abril y septiembre de 2017, cuando el 98,6% recibió predominantemente la vacuna viva atenuada, y otras 36.460 fueron vacunadas durante el mismo periodo de 2018, cuando el 93,5% recibió la vacuna recombinante. Los grupos fueron emparejados mediante puntuación de propensión para controlar las diferencias observables entre las cohortes.
El objetivo cardiovascular principal combinó tres acontecimientos: cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca e ictus isquémico. Durante los siete años de seguimiento, las personas que habían recibido predominantemente la vacuna recombinante presentaron un 9% menos de carga de estos eventos cardiovasculares que las que habían recibido la vacuna viva atenuada (RMTL ratio 0,91; IC95%: 0,88-0,95; p<0,001). Los investigadores describen el resultado como un 9% más de tiempo vivido sin un diagnóstico cardiovascular incluido en el objetivo compuesto.
El efecto fue especialmente consistente para la cardiopatía isquémica y la insuficiencia cardiaca. La carga de cardiopatía isquémica fue un 10% menor (RMTL ratio 0,90; IC95%: 0,87-0,94), mientras que la de insuficiencia cardiaca se redujo un 12% (RMTL ratio 0,88; IC95%: 0,83-0,93). Ambos resultados se observaron tanto en hombres como en mujeres. En el caso del ictus isquémico, se observó una reducción del 12% entre los hombres, pero no se alcanzó una asociación estadísticamente significativa en el conjunto de la población.
Los autores también detectaron una asociación con un menor riesgo de fibrilación auricular, con una reducción del 7% en la carga de esta arritmia (RMTL ratio 0,93; IC95%: 0,88-0,98). En cambio, no encontraron asociaciones significativas con miocarditis, enfermedad arterial periférica, ictus hemorrágico o accidente isquémico transitorio.
Uno de los elementos destacados del trabajo es que la asociación protectora fue más evidente durante la primera mitad del seguimiento y se atenuó posteriormente. Este patrón temporal podría ser compatible con un efecto biológico limitado en el tiempo, aunque los investigadores señalan que serán necesarios estudios adicionales para determinar si existe un mecanismo de este tipo.
Precisamente, los mecanismos que podrían explicar la relación observada todavía no están establecidos. Una posibilidad es que la protección frente al propio herpes zóster contribuya a reducir el riesgo cardiovascular, dado que la infección se ha relacionado previamente con acontecimientos cardiovasculares. Sin embargo, los autores consideran que esta explicación no parece suficiente para explicar por sí sola los resultados.
Otra hipótesis apunta al sistema inmunitario. La vacuna recombinante incorpora el adyuvante AS01, que puede producir cambios sostenidos en la actividad de los monocitos y reducir determinadas respuestas inflamatorias, entre ellas las relacionadas con la interleucina-6. Dado que la señalización de esta citocina está implicada causalmente en el riesgo cardiovascular, los investigadores plantean que estos cambios inmunológicos podrían contribuir a un efecto cardioprotector. Se trata, por ahora, de una hipótesis que deberá ser demostrada experimentalmente.
A pesar de la magnitud y consistencia de la asociación, el estudio no permite afirmar que la vacuna recombinante contra el herpes zóster reduzca causalmente el riesgo de infarto, insuficiencia cardiaca o ictus. Los propios autores señalan la necesidad de realizar ensayos clínicos y estudios mecanísticos que permitan confirmar el efecto y comprender sus posibles mecanismos.
El diseño utilizado supone una fortaleza frente a investigaciones observacionales convencionales, ya que compara a personas vacunadas inmediatamente antes y después de la transición entre vacunas y reduce el denominado efecto del "vacunado sano". Además, los resultados se mantuvieron en distintos análisis de sensibilidad, incluido uno que excluyó el periodo de la pandemia de COVID-19 y otro que tuvo en cuenta la muerte como riesgo competitivo.
No obstante, el trabajo presenta las limitaciones propias del análisis de historias clínicas electrónicas, entre ellas la posibilidad de diagnósticos no validados y la disponibilidad limitada de información sobre factores socioeconómicos y estilos de vida. Además, el diseño no permitió estudiar el efecto de recibir múltiples dosis de la vacuna recombinante ni compararla directamente con la ausencia de vacunación.
Así, el estudio abre así una nueva línea de investigación sobre los posibles beneficios cardiovasculares de la vacunación frente al herpes zóster. Si los resultados se confirman en ensayos clínicos, los autores consideran que podrían tener implicaciones relevantes para la salud pública debido a la elevada carga de enfermedad cardiovascular en las personas mayores.