
Por Santiago Melo
7 de mayo de 2026Un equipo de la Universidad Texas A&M ha dado un paso relevante en el camino hacia la regeneración de extremidades al conseguir que un mamífero regenere estructuras complejas como hueso, articulaciones, tendones y ligamentos tras una amputación. El trabajo, publicado en Nature Communications, describe un tratamiento experimental en dos etapas que no logra una reconstrucción “perfecta”, pero sí permite recuperar los componentes esperables en el nivel de lesión.
Los investigadores parten de una idea clave: en los mamíferos, la curación suele derivar en fibrosis, un proceso en el que los fibroblastos actúan rápido para cerrar la herida y formar tejido cicatricial. Esa respuesta favorece la supervivencia inmediata, pero tiene un coste: limita que el cuerpo reconstruya las estructuras perdidas, dejando una reparación funcional pero incompleta.
En cambio, en especies regenerativas como las salamandras, células similares se organizan en una estructura temporal llamada blastema, que actúa como “plataforma” para volver a formar tejidos. El objetivo del equipo era comprobar si, en mamíferos, esas células podían “tomar el otro camino”: dejar de priorizar la cicatriz y entrar en un modo más regenerativo.
Para ello, el protocolo plantea un enfoque secuencial con dos factores de crecimiento. Primero, una vez que la herida ya estaba cerrada, aplicaron FGF2 (factor de crecimiento de fibroblastos 2). Según explica el profesor Ken Muneoka, este paso busca que el cuerpo complete su curación habitual y, después, “cambiar lo que sucede a continuación”, promoviendo la formación de una estructura parecida a un blastema.
Días más tarde llegó el segundo paso: la aplicación de BMP2 (proteína morfogenética ósea 2), que desencadenó la formación de nuevas estructuras a partir de esas células “redirigidas”. En conjunto, la estrategia consiguió que aparecieran de nuevo hueso, tendón, ligamento y articulación, organizados de forma que refleja, en gran medida, la arquitectura natural, aunque con imperfecciones.
Una de las implicaciones más destacadas del estudio es que el proceso no se apoya en trasplantar células madre externas. Según Muneoka, “no hace falta obtener células madre e implantarlas”: las células necesarias ya están en el lugar de la lesión, y el reto es aprender a guiar su comportamiento para que, en vez de cicatrizar, contribuyan a reconstruir.
El equipo también observó que estas células pueden ser reprogramadas para formar estructuras más allá de su localización original, un fenómeno conocido como “reespecificación posicional”. Esta capacidad sugiere que, tras una lesión, el organismo podría recibir instrucciones para “reconstruir” componentes concretos donde ya no están.
Aunque las estructuras regeneradas no fueron una réplica exacta, los autores subrayan que “las estructuras están ahí”, y consideran que el hallazgo cambia la forma de entender los límites de la curación en mamíferos. Para el profesor Larry Suva, las células que se creían “inprogramables” en realidad sí pueden serlo, lo que abre nuevas preguntas sobre cómo activar esa capacidad de forma más precisa.
De cara a aplicaciones futuras, los investigadores apuntan que este enfoque podría tener usos más inmediatos, incluso antes de hablar de “regenerar extremidades” como tal: reducir cicatrices y mejorar la reparación del tejido tras amputaciones. Además, recuerdan que BMP2 ya está aprobada por la FDA para determinados usos médicos y que FGF2 se investiga en ensayos clínicos, lo que podría facilitar el salto a fases de investigación clínica, aunque el trabajo se encuentra todavía en etapas tempranas.