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La semaglutida oral no muestra beneficios en la progresión del alzhéimer, según un ensayo

El estudio se diseñó para demostrar que la neuroinflamación podría estar relacionada con esta enfermedad, por lo que se contempló este fármaco como opción terapéutica. Sin embargo, no ha conseguido su objetivo

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La semaglutida oral no muestra beneficios en la progresión del alzhéimer, según un ensayo

Por Medicina Responsable

19 de marzo de 2026

"La ciencia se construye a través de errores y también los resultados negativos son positivos", afirma Cristobal Morales, responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO); haciendo referencia al último estudio publicado en la revista científica The Lancet que ha analizado los posibles efectos beneficiosos de la semaglutida para tratar el alzhéimer

"Aquí la noticia sería que no se ha conseguido el objetivo primario, es decir, la falta de resultados positivos, lo cual no lleva a desmontar la hipótesis", argumenta; ya que la investigación no ha hallado evidencias de que la neuroinflamación, la inflamación crónica de bajo grado, pueda estar relacionado con la progresión de la patología. "Por esa hipótesis fue por lo que se lanzó este ensayo clínico, en el cual no se ha demostrado el beneficio. Este estudio clínico era población con enfermedad de Alzheimer inicial, pero con una baja proporción de diabetes y una baja proporción de obesidad. Tenemos que seguir investigando es esta enfermedad tan prevalente", añade.

En el estudio se ha observado durante dos años la reacción ante esta opción terapéutica de unos 3.800 pacientes de entre 55 y 85 años con un diagnóstico confirmado y síntomas leves. Todos ellos recibieron hasta 14 mg diarios de semaglutida oral o un placebo; aunque sin encontrar diferencias significativas en la progresión de la enfermedad. "Esto es simplemente un resultado, un dato que nos tiene que hacer seguir investigando con la hipótesis de la neuroinflamación para explorar si hubiese posibles soluciones que pudiesen beneficiar a tanta población", explica Cristóbal Morales.

"Corrige el entusiasmo previo"

El valor de este estudio, por lo tanto, reside en que "corrige el entusiasmo previo" de la evidencia preclínica, observacional y de algunos estudios pequeños que sugieren beneficio potencial de los agonistas GLP-1, como ha explicado en declaraciones a Science Media Centre Diego Bellido, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición en el Complejo Hospitalario de Ferrol (CHUF) y presidente de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).

Además, destaca, tiene una clara implicación práctica, pues estos datos no apoyan usar semaglutida oral de 14 mg para frenar el alzhéimer precoz. "Puede seguir siendo útil en obesidad o diabetes, pero no debe extrapolarse su beneficio al tratamiento modificador de la enfermedad de Alzheimer”, explica.

Aun así, Diego Bellido aclara que hay algunas limitaciones, como "más abandonos por efectos adversos en el grupo de la semaglutida", un "posible desenmascaramiento por efectos gastrointestinales y pérdida de peso".

Las anteriores evidencias científicas

Este estudio venía a demostrar o refutar una de las hipótesis más extendidas entre los profesionales respecto a la relación entre la semaglutida y el alzhéimer: el impacto mediado por este fármaco sobre la neuroinflamación podría reducir la progresión de la enfermedad. "La evidencia del mundo real con semaglutida indicó que su uso en pacientes con diabetes tipo 2 se asociaba con un menor riesgo de demencia, lo que sugiere posibles efectos neuroprotectores más allá del control glucémico", explica Xavier Morató, director de ensayos clínicos de Ace Alzheimer Center Barcelona.

Estos hallazgos proporcionaron una base importante para investigar la evaluación de la semaglutida como un enfoque terapéutico para mitigar el riesgo de demencia y mejorar la salud cerebral a largo plazo. Sin embargo, múltiples condiciones metabólicas como la edad, obesidad y diabetes juegan un papel fundamental. "El exceso de adiposidad y la alteración del metabolismo de la glucosa contribuyen a la inflamación crónica, la disfunción vascular y otros mecanismos fisiopatológicos implicados en la neurodegeneración y el deterioro cognitivo", argumenta.

Por ello, el experto aboga por plantear la hipótesis de que estas intervenciones "deberían aplicarse a etapas más tempranas de la vida". Además, dado que no todos los participantes toleraron la dosis más alta de 14 mg y, en consecuencia, recibieron 3 o 7 mg durante el estudio, una mejor comprensión de la correlación entre las dosis y los cambios en los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer permitiría interpretar mejor los resultados.



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