
Por Gonzalo de Esteban
9 de octubre de 2026Nunca te has preguntado porque hay veces que dos personas van a vacunarse el mismo día y reciben exactamente la misma dosis, pero mientras una continúa con su vida sin notar que apenas pasa nada, la otra se tiene que quedar en casa con dolor muscular y unas décimas de fiebre. La explicación a esa reacción no dependía del tipo de vacuna, sino del estado previo del propio organismo.
Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Biología en Tubinga (Alemania), a través del grupo µHEAT, ha dado con la respuesta. Los investigadores han descubierto que la microbiota intestinal actúa como un regulador que condiciona cómo reacciona el cuerpo tras la dosis. El trabajo, titulado ‘The human gut microbiome primes fever after vaccination’ y liderado por la científica Kristine E. Huus, se ha publicado en la revista ‘Science’.
Al analizar a 171 adultos sanos antes y después de vacunarse, los científicos descubrieron que quienes tuvieron fiebre presentaban de forma previa una pequeña inflamación intestinal que pasaba desapercibida en su día a día.
La causa está en ciertas bacterias intestinales (de la familia Lachnospiraceae) que producen flagelina, una proteína que mantiene al sistema inmunitario en un estado de prealerta constante. Al recibir la vacuna, esa respuesta inflamatoria que ya estaba latente se amplifica y desencadena el aumento de la temperatura corporal.
El estudio aporta además una clave práctica: el tipo de alimentación condiciona de forma directa las bacterias que proliferan en el intestino.
El consumo habitual de productos ultraprocesados y aditivos favorece la presencia de estas bacterias productoras de flagelina, dejando el organismo más predispuesto a sufrir fiebre. En cambio, las personas con una dieta rica en alimentos de origen vegetal mostraron menor inflamación y experimentaron efectos secundarios mucho más leves o imperceptibles.