
Por Pedro Gargantilla, director médico de Medicina Responsable
28 de agosto de 2026La capecitabina, un fármaco quimioterápico oral muy utilizado en cáncer de mama y colorrectal, puede provocar la pérdida temporal de las huellas digitales, un fenómeno conocido como adermatoglifia adquirida. Este efecto, aunque poco frecuente, tiene implicaciones prácticas importantes para la identificación biométrica de los pacientes y ha sido documentado en múltiples estudios clínicos.
La capecitabina es un profármaco de la 5-fluorouracilo (5-FU), un agente quimioterápico clásico que actúa interfiriendo con la síntesis del ADN en las células cancerosas. Una vez ingerida la capecitabina se convierte en 5-FU preferentemente en el tejido tumoral gracias a la acción de la enzima timidina fosforilasa, que suele estar sobreexpresada en muchos tipos de cáncer.
El efecto adverso más característico de la capecitabina es el síndrome mano-pie, también llamado eritrodisestesia palmo-plantar. Este trastorno dermatológico afecta a entre el 50 y el 60% de los pacientes tratados con este medicamento y se manifiesta con enrojecimiento, hinchazón, hormigueo, ardor y descamación en las palmas de las manos y las plantas de los pies.
En casos más graves, pueden aparecer vesículas, ampollas y dolor intenso que limita las actividades cotidianas. Curiosamente, aunque la pérdida de huellas digitales se ha asociado tradicionalmente al síndrome mano-pie severo, estudios recientes muestran que la adermatoglifia puede ocurrir incluso en pacientes sin síntomas cutáneos evidentes.
La adermatoglifia adquirida por capecitabina se caracteriza por la desaparición de los surcos epidérmicos que forman las huellas dactilares. Este fenómeno fue descrito por primera vez en 2009, cuando un paciente de Singapur fue detenido varias horas en un aeropuerto porque sus huellas no coincidían con las registradas en su pasaporte.
Desde entonces se han documentado numerosos casos. Un estudio holandés encontró que el 67,6% de los pacientes tratados con capecitabina presentaban cambios en sus huellas digitales, frente a ninguno en el grupo de control. Otro trabajo observó que 9 de 55 pacientes perdieron completamente sus huellas tras 8 semanas de tratamiento.
A pesar de la evidencia clínica el mecanismo exacto por el cual la capecitabina borra las huellas digitales sigue siendo desconocido. Sin embargo, existen varias hipótesis plausibles basadas en la fisiopatología del síndrome mano-pie y en la farmacocinética del fármaco.
Una noticia alentadora es que, en la mayoría de los casos, la pérdida de huellas digitales es reversible. Los estudios indican que las huellas suelen recuperarse entre 2 y 4 semanas después de suspender el tratamiento con capecitabina. Sin embargo, algunos pacientes han reportado una recuperación incompleta o permanente de sus patrones dactilares, especialmente tras tratamientos prolongados o dosis altas.
La reversibilidad sugiere que el daño a las crestas epidérmicas no es estructural ni permanente, sino funcional y relacionado con la presencia continua del fármaco o sus metabolitos en la piel.
La desaparición de las huellas digitales tiene consecuencias más allá de lo estético. En un mundo cada vez más dependiente de la biometría para desbloquear teléfonos, acceder a edificios seguros, realizar trámites bancarios o cruzar fronteras, la adermatoglifia puede generar inconvenientes significativos. Algunos pacientes han sido retenidos en controles de seguridad aeroportuarios porque sus huellas no coincidían con las registradas en sus documentos de identidad. Otros han tenido dificultades para usar sistemas de autenticación biométrica en sus dispositivos electrónicos o en sus lugares de trabajo.