
Por Santiago Melo
31 de julio de 2026La falta de recursos económicos no solo condiciona el acceso a una alimentación suficiente, sino que también puede repercutir de forma directa sobre la salud física y emocional. El primer estudio realizado en España sobre la calidad de vida relacionada con la salud de las personas usuarias de bancos de alimentos revela una brecha importante respecto a la población general, especialmente en ansiedad, depresión y dolor físico.
La investigación ha sido impulsada por la Fundación Banco de Alimentos de Navarra y la Universidad Pública de Navarra y publicada en la revista científica Healthcare. El trabajo analizó una muestra aleatoria de 350 personas seleccionadas entre las 2.749 familias beneficiarias de la entidad y alcanzó una tasa de respuesta del 87,9%.
Los resultados muestran que el 62,9% de los participantes afirma sufrir ansiedad o depresión, frente al 22% registrado entre la población navarra. También se detectaron diferencias relevantes en la salud física: el 55,7% manifestó padecer dolor o malestar, mientras que en el conjunto de Navarra este porcentaje se sitúa en el 35,7%.
La distancia también se observa en la percepción general del estado de salud. Las personas atendidas por el Banco de Alimentos otorgaron a su bienestar una puntuación media de 73,5 sobre 100, frente a los 88,1 puntos de la población general. Para los investigadores, esta diferencia refleja cómo la vulnerabilidad económica termina afectando tanto al bienestar físico como al emocional.
El estudio también identifica mayores dificultades para desenvolverse en la vida diaria. Un 25,5% de los participantes declaró tener problemas de movilidad, frente al 13% de la población navarra; el 19,7% presentaba limitaciones para realizar actividades cotidianas, más del doble que la media del 8%; y un 8,7% reconoció dificultades de autocuidado, frente al 5,2% de la población general.
Los investigadores concluyen que la inseguridad alimentaria, la precariedad laboral y los problemas de vivienda actúan como determinantes directos de la salud. La exposición prolongada a estas circunstancias puede generar estrés, deterioro psicológico y mayores dificultades para prevenir o controlar enfermedades.
Por este motivo, consideran que reducir la pobreza y garantizar una alimentación suficiente no debe entenderse únicamente como una política de carácter social, sino también como una estrategia de salud pública destinada a disminuir las desigualdades y prevenir un mayor deterioro físico y mental.
La Fundación Banco de Alimentos de Navarra sostiene que estas entidades pueden desempeñar un papel más amplio que el reparto de alimentos. Su contacto directo con las familias permitiría detectar situaciones de especial vulnerabilidad y facilitar la coordinación entre los servicios sociales y el sistema sanitario.