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Día Mundial contra el Cáncer

Patricia Altea, Premio Nacional de Investigación: “Muchos científicos abandonan la lucha contra el cáncer por frustración”

Sostiene que "la gran mayoría de profesionales se dedican a esto por vocación", ya que la inestabilidad y los bajos salarios son una gran lastra para el sector. "Pero hay que animar a los jóvenes, ellos son la ciencia del futuro".

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Patricia Altea, Premio Nacional de Investigación: “Muchos científicos abandonan la lucha contra el cáncer por frustración”

Por Clara Arrabal

4 de febrero de 2026

Este 4 de febrero Patricia Altea Manzano se ha levantado con la misma pretensión de todas las mañanas: desplazarse hasta el laboratorio en el que trabaja para continuar su investigación. Es científica y se encarga, como ella misma reconoce, "de caracterizar con detalle los tumores y las células cancerígenas" para, después, poder encontrar un tratamiento con el que combatir la enfermedad. Porque no se puede empezar la casa por el tejado. "Ahora el objetivo de todo científico es abordar las terapias personalizadas y poder tratar el cáncer mediante medicina a la carta", explica. Pero, para ello, hay que conocer bien "a qué nos enfrentamos".

Se detiene un minuto. Lo piensa bien dos veces. No, este 4 de febrero no es un día cualquiera. Hoy es Día Mundial contra el Cáncer, la enfermedad a la que ha dedicado prácticamente su vida. "En jornadas como esta es más importante que nunca visibilizar la labor de los investigadores. El panorama está muy complicado, pero se puede. Sí. Se puede ser investigador de cáncer", dice concienciada, convencida. Por eso, porque es consciente de las dificultades a las que se tiene que enfrentar un científico para trabajar con estabilidad y buen salario, ella aprovecha cada oportunidad de participar en actividades divulgativas en colegios o con niños. "Para que vean que la investigación podría estar mejor, pero si se lucha, cualquiera puede trabajar en el laboratorio". Y, como prueba, su propia experiencia: la de una joven andaluza que, tras estudiar Ciencias Ambientales, descubrió que su verdadera pasión era mejorar la vida de los pacientes de cáncer.

Fotografía de Patricia Altea en el laboratorio.

"Llegué aquí de casualidad"

Cuando Patricia comenzó a frecuentar la facultad de Ambientales, no sabía que existía una carrera profesional para dedicarse a la investigación científica. "Porque en mi época no había tanto conocimiento sobre la oferta formativa", justifica. Y no fue hasta el último año de su grado universitario cuando trabajó en un laboratorio que tenía una rama de investigación del cáncer. Entonces se dio cuenta. "Por casualidad me metieron en uno de sus proyectos y me fascinó. Desde entonces, tuve claro que quería dedicar mi vida a investigar el cáncer", explica.

El resto es historia. Patricia analizó en su tesis cómo actúan las células para convertirse en tumorales y así aplicarlo a tratamientos con nanotecnología. "Estaba en un laboratorio que diseñaba nanopartículas y que servían para trasportar los fármacos y que las moléculas se dirigiesen solamente a las células tumorales. Fue ahí cuando me moví a un laboratorio en Bélgica para estudiar el porqué de la enfermedad, mucho más centrada en la metástasis", explica.

Actualmente es investigadora Ramón y Cajal, es decir, científica de alto nivel contratada a través de uno de los programas más prestigiosos y exigentes de España financiados por el Ministerio de Ciencia, y líder del grupo de “Regulación Metabólica y Señalización en Cáncer” en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER) en Sevilla, un centro mixto del CSIC, la Junta de Andalucía, la Universidad de Sevilla y la Universidad Pablo de Olavide.

Además, su trayectoria ha sido reconocida con galardones como el Premio Nacional  de Investigación para Jóvenes Gabriella Morreale 2024 en el área de Medicina y Ciencias de la Salud (España), otorgado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; o el Premio ASEICA al Talento Investigador Joven, concedido por la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA).

Fotografía de Patricia Altea en el laboratorio.

¿Qué retos marcarán la investigación del cáncer durante los próximos años?

Creo que la aplicación de la medicina personalizada. Con las nuevas tecnologías que tenemos a nuestro alcance nos estamos dando cuenta que la enfermedad que queremos combatir es muy heterogénea, muy variante y muy variada. Más de lo que nos pensábamos antes de contar con estas técnicas. Así que poder llegar a encontrar tratamientos que superen esta heterogeneidad es un reto bastante importante.

También tenemos siempre en el horizonte el abordaje de las resistencias a las nuevas terapias, que es algo que suele pasar. Al principio, el tratamiento funciona muy bien, pero pasado un tiempo deja de funcionar. Eso es porque los tumores son muy flexibles y muy plásticos, y tienen la capacidad de adaptarse a los cambios. Trabajar con la resistencia a los tratamientos es otro reto y con la investigación se puede solventar. 

Hace falta mucho conocimiento e investigación básica para llegar a la medicina personalizada. Pero para ello necesitamos los conocimientos fundamentales de la enfermedad.

¿Cómo está el sector de la investigación en cáncer para los jóvenes?

El panorama no es el mejor. Las condiciones, para los jóvenes y para todos, no son las mejores. Tenemos muy poca estabilidad. Si los estudiantes continúan esta carrera es porque tienen mucha vocación. Yo he visto perderse por el camino a personas muy válidas, a investigadores muy valiosos, por frustración, por falta de opciones, de contratos... Yo tengo la posición que tengo en España porque me he ido al extranjero a formarme. Si no lo hubiera hecho, creo que habría sido imposible.

Esa es la parte negativa. Pero, siendo positivos, también quiero trasmitir que se puede. Que yo he podido. Y que alrededor tengo a mucha gente muy buena que también lo ha logrado. Con paciencia, esfuerzo e intentando apostar por unos objetivos concretos. Por eso, siempre que tengo la oportunidad, intento participar en actividades de divulgación en colegios o con niños. Para que vean que la investigación podría estar mejor, pero si se lucha cualquiera se puede dedicar a ello. Hay que llegar a los jóvenes, y a la sociedad en general, para mirar a las generaciones del futuro.

¿Qué le gustaría que entendiera la sociedad sobre la investigación del cáncer?

Que la investigación es fundamental, a todos los niveles. Para que un paciente reciba un tratamiento, hay muchísimos años de trabajo de muchas personas coordinadas en diferentes escalas. Desde el químico que diseña o sintetiza el compuesto, hasta todos los investigadores que lo definen. Otros profesionales que encuentran cómo la célula tumoral se comporta... También están los pacientes que dan su consentimiento para participar en ensayos clínicos y probar si el fármaco funciona. Cada paso es fundamental, así que hay que dar apoyo a cada uno por separado y a todos como conjunto por parte de los gobiernos. Necesitamos ayudas en financiación, de entidades públicas y privadas, de la sociedad, de los pacientes... Hay que concienciar de que cada pequeño gesto cuenta.

Cuando, a día de hoy, se diagnostica con cáncer a un paciente, tiene opciones de sobrevivir en la mayoría de los casos y de disfrutar de una buena calidad de vida; mientras que, hace varias décadas, se le aseguraba un pronóstico muy malo. Ahora la curación o la cronificación de la enfermedad está encima de la mesa gracias a esa investigación de los profesionales. Podemos ver la mejora de los años atrás hacia la actualidad, y hay que seguir apostando por eso.

¿Y qué mensaje trasmitiría a los pacientes? ¿Y a los investigadores?

A los pacientes, que hay esperanza. Somos muchos los que nos dedicamos a investigar el cáncer y, prácticamente todos, lo hacemos por vocación, no por dinero. Estamos muy comprometidos y estamos trabajando por mejorar la vida de los pacientes.

A los investigadores, que no nos rindamos. Que aunque se nos pongan muchas trabas en el camino, tanto burocráticas como legislativas y de inversión, hay muchos pacientes que necesitan nuestro trabajo y debemos de seguir a los pies del cañón. Muchas veces es frustrante, como una montaña rusa, por lo que tenemos que saber sacar siempre el lado positivo. Nuestra contribución estará ahí siempre, y es muy importante para la sociedad.



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