
Por Virginia Delgado
17 de junio de 2026Casey Harrell es un hombre estadounidense de 48 años al que diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en 2020. Desde entonces, ha ido perdiendo progresivamente la movilidad y el habla, dejando atrás la vida que tenía.
Pero cuando hace unos tres años pensaba que la posibilidad de comunicarse con su familia, amigos o compañeros de trabajo había desaparecido, un equipo de investigadores llamó a su puerta. Procedían de la Universidad de California en Davis y le plantearon formar parte de un proyecto que consistía en poner en marcha una interfaz cerebro-computadora intracortical que le permitiría volver a comunicarse. La diferencia con otras que ya existían estaba en que iba a permitirle hacerlo de forma autónoma; sin ayuda de ingenieros ni familiares.
Y se consiguió. Durante 23 meses Harrell utilizó la interfaz de manera independiente, algo que no se había conseguido hasta el momento, además, con unos datos prometedores. Este hombre logró comunicarse a una velocidad media de 56 palabras por minuto. Además, como se explica en un artículo publicado en la revista Nature, durante las 3.800 horas en las que utilizó el dispositivo sin asistencia técnica, comunicó más de 183.000 oraciones, el 92% correctas, y logró una precisión del 99% empleando un vocabulario de 125.000 palabras. "Es el conjunto de datos más extenso y la comunicación por voz más duradera jamás registrada en una persona con un implante de este tipo", ha manifestado Sergey Stavisky, neurocientífico de la Universidad de California en Davis y coautor del estudio.
Según han explicado los investigadores, el sistema tiene 256 microelectrodos que se implantan en la corteza motora del habla. Cuando el paciente intenta hablar o mover las manos, los sensores recogen las señales neuronales y las envían al ordenador a través de conectores de titanio fijados al cráneo. Después, se reproduce la voz y le asiste para que pueda controlar un ratón que permite moverse por la pantalla. Todo se ha logrado con un software, en el que se ha utilizado inteligencia artificial.
Aunque lo que ha conseguido este equipo de la Universidad de California en Davis, que contado con la colaboración de profesionales de las universidades de Utrecht (Países Bajos) y de Brown (Estados Unidos) es un gran logro, advierten de que se ha desarrollado el estudio con un único paciente, siendo lo idóneo utilizarlo en más personas.