
Por Medicina Responsable
24 de agosto de 2026Un estudio publicado en Cell Host & Microbe sugiere que analizar las bacterias presentes en la boca podría ayudar a identificar algunos tumores del aparato digestivo. El trabajo, realizado por investigadores de Corea del Sur, analiza muestras de saliva y heces de más de 500 voluntarios y encuentra que, en personas con cáncer gástrico o colorrectal, existe un mayor solapamiento entre los microorganismos presentes en ambos lugares, lo que apunta a un aumento del tránsito de microbios desde la boca hasta el intestino.
Los investigadores han utilizado esta señal para desarrollar un índice denominado MF (mouth to feces, de boca a heces), basado en la presencia de secuencias bacterianas compartidas entre las muestras de cada paciente. Según sus resultados, este índice podría tener utilidad diagnóstica, especialmente en el cáncer colorrectal: en la cohorte analizada, la firma microbiana obtenida a partir de muestras orales mostró una sensibilidad superior a la de la prueba estándar de sangre oculta en heces.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque plantea la posibilidad de utilizar una muestra sencilla y no invasiva, como la saliva, para obtener información sobre procesos que ocurren en el aparato digestivo. Pero los propios autores advierten de que todavía hacen falta estudios clínicos en poblaciones sometidas a programas reales de cribado antes de plantear su aplicación en la práctica médica.
La idea de que las bacterias de la boca puedan llegar al intestino no es nueva. Estudios anteriores ya habían relacionado la presencia de microorganismos orales en el tracto intestinal con distintos tipos de cáncer digestivo. Lo que aporta este trabajo es una manera diferente de estudiar ese fenómeno: en lugar de fijarse únicamente en qué bacterias son más abundantes en cada localización, los investigadores analizan qué secuencias bacterianas aparecen simultáneamente en la boca y las heces de un mismo individuo.
Para Toni Gabaldón, profesor de investigación ICREA y jefe del grupo de Genómica Comparada del IRB Barcelona y del Barcelona Supercomputing Centre, este enfoque constituye uno de los principales puntos fuertes del estudio. Destaca tanto el número de muestras orales y fecales pareadas como el hecho de que las muestras de los pacientes con cáncer se obtuvieran antes del tratamiento, evitando así que la terapia alterase su microbiota.
Paolo G. Nuciforo, jefe del grupo de Oncología Molecular del Instituto de Oncología Vall d'Hebron, considera también que el trabajo es globalmente de buena calidad y clínicamente relevante. A su juicio, la principal novedad está precisamente en el índice MF, que intenta capturar una posible transmisión de microorganismos entre la boca y el intestino a partir de muestras del mismo paciente.
Los resultados más prometedores corresponden al cáncer colorrectal. El análisis de las muestras orales permitió detectar el tumor con una sensibilidad superior a la observada con la prueba de sangre oculta en heces en la cohorte utilizada para esa comparación.
De confirmarse en estudios posteriores, el hallazgo podría abrir una vía hacia pruebas de cribado más sencillas. La saliva es una muestra fácil de obtener y no requiere procedimientos invasivos, lo que en principio podría facilitar la participación de la población en programas de detección.
Pero la comparación con la prueba de sangre oculta en heces debe interpretarse con cautela. Nuciforo señala que la cohorte empleada para esta comparación es pequeña y considera necesaria una validación independiente. Gabaldón coincide en que los resultados son prometedores, pero recuerda que el objetivo de un programa de cribado es detectar la enfermedad en fases tempranas, mientras que en el estudio hay un número importante de casos de cáncer avanzado.
Una de las limitaciones fundamentales tiene que ver con la técnica utilizada. Los investigadores emplearon secuenciación del gen 16S, una metodología muy útil para estudiar la composición bacteriana, pero que no permite identificar con suficiente precisión las bacterias a nivel de especie y, especialmente, de cepa. Por tanto, encontrar una secuencia bacteriana similar en la saliva y en las heces de una misma persona no demuestra que sea exactamente la misma cepa la que haya viajado desde la boca hasta el intestino. Para demostrarlo sería necesario recurrir a una caracterización metagenómica de mayor resolución.
La distinción es importante porque el estudio interpreta el solapamiento entre las comunidades microbianas como una señal de posible transmisión. El resultado es compatible con esa hipótesis, pero no permite demostrar directamente que se haya producido ese desplazamiento.
Otra limitación afecta a la interpretación biológica de los resultados. El trabajo encuentra una asociación entre el tránsito de microorganismos boca-intestino y la presencia de cáncer, pero su diseño no permite establecer una relación causal. Es decir, no se puede concluir que las bacterias que llegan desde la boca al intestino contribuyan al desarrollo o crecimiento del tumor. Tampoco se sabe si reducir ese flujo de microorganismos podría tener algún efecto terapéutico, ni si favorecer la llegada de otras bacterias potencialmente beneficiosas tendría consecuencias clínicas.
Los expertos consultados coinciden en que el paso que falta es una validación prospectiva y a gran escala. El hecho de que el índice MF funcione en las cohortes analizadas no significa que vaya a mantener el mismo rendimiento cuando se aplique a una población general que acude a un programa de cribado.
Ramón Salazar, jefe de Oncología Médica del Instituto Catalán de Oncología y jefe del Grupo de Investigación del Cáncer Colorrectal de Oncobell (IDIBELL), es especialmente crítico con este aspecto. Señala que los modelos predictivos basados en firmas microbiómicas pueden estar expuestos a sesgos metodológicos difíciles de detectar y cuestiona la forma en que el modelo se adapta a las distintas series externas de validación.
A su juicio, el trabajo no tiene actualmente impacto en la práctica clínica y considera poco probable que llegue a validarse en el futuro. Su valoración contrasta con la de Gabaldón y Nuciforo, que ven en el estudio una prueba de concepto prometedora, aunque todavía alejada de su utilización asistencial.
El hallazgo plantea además una cuestión relevante: si ya existen firmas microbianas capaces de detectar el cáncer colorrectal a partir de muestras fecales, ¿es necesario añadir una muestra de saliva? Gabaldón recuerda que existen algoritmos predictivos basados en material fecal, incluidos algunos desarrollados por investigadores del IRB y el BSC, con resultados comparables para el cáncer colorrectal. Esto plantea dudas sobre cuál sería la ventaja clínica real de incorporar muestras orales si una muestra fecal ofrece una capacidad diagnóstica similar.
La respuesta dependerá de futuras comparaciones directas y, sobre todo, de demostrar que la muestra de saliva aporta información adicional que mejore de forma significativa la detección del cáncer.
Los resultados para el cáncer gástrico son, además, menos sólidos cuando se comprueban en cohortes independientes, según Nuciforo. Y, aunque el estudio incluye validaciones externas, los expertos señalan que el tamaño de las cohortes utilizadas para cada tipo de cáncer sigue siendo limitado.
Por eso, el siguiente paso no es llevar el índice MF directamente a la consulta, sino comprobar si mantiene su capacidad diagnóstica en estudios prospectivos, con poblaciones más amplias y representativas de los programas de cribado. También sería necesario utilizar técnicas de secuenciación de mayor resolución que permitan comprobar con mayor precisión si los microorganismos presentes en la boca y el intestino pertenecen realmente a las mismas cepas.
El trabajo abre así una vía interesante para estudiar la relación entre microbioma y cáncer digestivo, y sugiere que la boca podría contener información sobre procesos que tienen lugar mucho más abajo, en el aparato digestivo. Pero, por ahora, esa posibilidad debe considerarse una hipótesis prometedora y no una nueva herramienta diagnóstica disponible para los pacientes.