
Por Santiago Melo
16 de octubre de 2026Un equipo internacional de investigadores, con participación del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca (CIC, CSIC-USAL-FICUS), ha identificado un posible efecto protector de la cabergolina frente al cáncer de mama tras el embarazo. El fármaco, utilizado para frenar la producción de leche cuando es médicamente necesario, se ha asociado con una reducción significativa del riesgo en estudios experimentales y en historiales clínicos de mujeres.
Los investigadores observaron primero el efecto en ratones con mutaciones relacionadas con formas agresivas de cáncer de mama. Una dosis de cabergolina administrada al finalizar la lactancia redujo aproximadamente a la mitad el porcentaje de animales que desarrollaron tumores.
El equipo analizó después historiales médicos de más de 150.000 mujeres en España y Noruega. Los resultados mostraron que aquellas que habían recibido cabergolina para suprimir la lactancia tras el parto presentaban aproximadamente un 70% menos de probabilidades de desarrollar cáncer de mama que las que no habían tomado el medicamento.
El posible efecto protector estaría relacionado con un proceso natural que ocurre cuando termina la lactancia. En ese momento, la mama elimina parte del tejido que se había desarrollado durante el embarazo para producir leche, un proceso conocido como involución.
Los investigadores han observado que, en determinados casos, este proceso puede no completarse correctamente y dejar células con potencial para convertirse en cancerosas. La cabergolina podría ayudar a completar esa limpieza del tejido mamario y reducir así la presencia de células potencialmente precancerosas.
En los estudios con animales, el medicamento redujo el área ductal y el crecimiento celular y aumentó la presencia de células inmunitarias relacionadas con la defensa frente a tumores.
Jesús Pérez-Losada, investigador del CSIC en el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca y codirector del trabajo, destaca que el periodo posterior a la lactancia podría convertirse en una ventana importante para la prevención. “No se trata de cambiar los planes de lactancia materna de las mujeres, cualquier intervención preventiva solo se consideraría una vez finalizada la lactancia”, señala.
Los autores insisten, no obstante, en que la cabergolina no está aprobada actualmente para prevenir el cáncer de mama y que los resultados deben confirmarse mediante ensayos clínicos prospectivos.
El equipo ya ha obtenido financiación para poner en marcha un ensayo clínico en mujeres con una mutación del gen BRCA1, asociada a un mayor riesgo de cáncer de mama tras el embarazo. Las participantes decidirán cuánto tiempo quieren amamantar y, una vez finalizada la lactancia, recibirán cabergolina o placebo.
El objetivo será analizar si los beneficios observados hasta ahora pueden reproducirse en mujeres y estudiar marcadores biológicos relacionados con el riesgo futuro de desarrollar cáncer de mama.
Si los resultados se confirman, los investigadores creen que la cabergolina podría abrir una vía preventiva menos agresiva para mujeres con alto riesgo, frente a opciones actuales como la cirugía o la terapia hormonal.