
Por Juan García
11 de marzo de 2026La respuesta de los pacientes oncológicos a su tratamiento se ve influenciada por diversos factores genéticos y metabólicos, por lo que la medicina de precisión busca diseñar terapias específicas para cada perfil de paciente. La búsqueda de estrategias personalizadas pasa no solo por el diseño de fármacos, sino por complementarlas con otros abordajes a nivel de hábitos de vida.
Con este enfoque, el Hospital del 12 de Octubre, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y la Universidad Carlos III han puesto en marcha el ensayo clínico LUMINOVA, que busca analizar el impacto de una dieta personalizada tanto en el metabolismo, el microbioma y la calidad de vida de pacientes con cáncer metastásico de mama o ginecológico como en la efectividad del tratamiento.
Este estudio reclutará pacientes tratadas con anticuerpos fármaco-conjugados, un tipo de terapia de última generación que administra pequeñas dosis de quimioterapia concentrada. En base a los datos clínicos recopilados de cada paciente, los investigadores emplearán un algoritmo que mide las mutaciones, aberraciones metabólicas y las alteraciones del microbioma para generar pautas sobre la necesidad de ciertos micro y macronutrientes en cada una de ellas. Así, esta herramienta, llamada LUMICA, propone pautas dietéticas adaptadas a cada paciente.
La nutrición se ha considerado tradicionalmente un apoyo a la prevención de enfermedades, pero también podría ser una estrategia capaz de influir en el tratamiento. Para Miguel Ángel Quintela, jefe de la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer de Mama del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) “hay evidencias de que la efectividad de las terapias oncológicas puede verse modificada por factores como el ejercicio, el estado emocional o la dieta”.
En ese sentido, Luis Manso, oncólogo del Hospital 12 de Octubre y del Grupo Cáncer de Mama y Ginecológico del i+12, señala que LUMINOVA es “uno de los primeros estudios que concibe la nutrición personalizada no como un complemento, sino como una intervención activa en pacientes con cáncer avanzado sometidas a terapias de última generación”.
El ensayo creará de forma aleatoria dos grupos de pacientes: uno de control, que recibirá una dieta mediterránea, y un grupo experimental, que recibirá la dieta personalizada. Será un nutricionista quien diseñe la dieta personalizada a partir de las pautas generadas por el algoritmo, y teniendo también en cuenta las preferencias individuales y posibles necesidades por otras patologías. Esa dieta podrá ir ajustándose con el tiempo. Cada participante permanecerá voluntariamente en el ensayo hasta que sea necesario modificar el tratamiento por el desarrollo de la enfermedad.
El seguimiento se realizará con analíticas periódicas; dispositivos que recogerán parámetros como niveles de glucosa, actividad física, ritmo circadiano y calidad del sueño; y una aplicación que registrará los nutrientes ingeridos por medio de fotografías de las comidas, y también los síntomas y niveles percibidos de estrés. Esta metodología intenta paliar los factores que limitaban hasta ahora los estudios sobre dietas: la dificultad de monitorizar si la dieta se cumple; y el problema de distinguir si los efectos conseguidos se deben al cambio en la dieta, o a características individuales de cada paciente.
En este ensayo se aplican “herramientas de IA, metabolómica y análisis avanzado de imagen, junto a un sistema de recordatorios con las que paliamos parcialmente esas limitaciones. Aprovechamos así lo que ofrecen las nuevas tecnologías para garantizar la buena metodología de un ensayo de este tipo”, afirma Quintela.
Luis Manso añade: “El estudio abre nuevas perspectivas para una oncología de precisión que no se limita a considerar el tumor y los fármacos, ya que incorpora el metabolismo, la microbiota y el entorno biológico individual de cada paciente. Integra calidad de vida, salud emocional y toxicidad percibida como objetivos principales”.