
Por Medicina Responsable
28 de mayo de 2026La batalla contra el envejecimiento es uno de los campos donde más aspiraciones deposita la comunidad científica. Más que la utópica búsqueda de la ‘fuente de la eterna juventud’, la realidad de la investigación biológica trata de descifrar los mecanismos que provocan el envejecimiento para diseñar nuevas fórmulas para mitigarlos. En este camino, un equipo de investigadores ha publicado un revelador hallazgo que recoge la revista Nature.
La investigación ha identificado una serie de indicadores comunes en mamíferos que dan cuenta del camino común que sigue el envejecimiento en estas especies. El professor Vadim Gladyshev, del Brigham and Women's Hospital y la Harvard Medical School y su equipo han encontrado así huellas universales que permiten una mejor comprensión del proceso de envejecimiento celular. Para ello, han analizado más de 11.000 transcriptomas -conjunto de moléculas de ARN presentes en una célula en un momento determinado- procedentes de más de 25 tejidos de ratón, rata, macaco y humano, y ha descubierto que los cambios asociados al envejecimiento se conservaron entre especies y tipos celulares. En base a estos datos, los autores han desarrollado sus propios ‘relojes’ moleculares, que indican la progresión de la vejez.
Se trata de un hallazgo “sin precedentes” que según los expertos puede abrir la puerta al diseño de nuevas estrategias para contrarrestar el deterioro del organismo. Para el investigador del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, Víctor Celemín, uno de los hallazgos más significativos del estudio es la demostración de que “ciertas intervenciones —como la restricción calórica sin malnutrición o la administración controlada de algunos suplementos nutricionales —logran atenuar o incluso revertir parte de estos procesos biológicos asociados a la vejez”, según apunta en declaraciones recogidas por el Science Media Centre.
Por su parte, el investigador posdoctoral en el grupo de Epigenómica Biomédica en IDIBAPS, Martí Durán. Tenemos relojes moleculares de envejecimiento basados en metilación del ADN (epigenética), en proteínas del plasma sanguíneo (proteómica) y ahora también, de la expresión de los genes (transcriptómica). El reto ahora es entender qué nos aporta cada capa molecular y aprovechar esta información para diseñar estrategias terapéuticas que mejoren el proceso natural de envejecimiento”.
Por su parte, la investigadora Ramón y Cajal en el Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona, Ana Guerrero, subraya que estos hallazgos tienen una potencial aplicación en medicina preventiva para “identificar de forma más temprana a personas con mayor riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a la edad y refinar su seguimiento clínico”.
“El hecho de que muchas de estas vías estén conservadas entre especies refuerza su relevancia biológica y sugiere que podrían representar mecanismos fundamentales del envejecimiento”, añade a este respecto.
Otra conclusión relevante de la investigación, a juicio del jefe del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del CNIO, Nabil Djouder, es la identificación de una arquitectura molecular común entre los mamíferos, en la que predominan procesos como la inflamación, la senescencia y la disfunción mitocondrial.
No en vano, los científicos consultados mantienen la prudencia de estos resultados al encontrar algunas limitaciones. En primer lugar, es importante señalar que se trata de un estudio observacional, por lo que no se pueden inferir correlaciones. La principal limitación es su aplicación clínica, que es por el momento limitada. “Aunque los relojes transcriptómicos predicen mortalidad en humanos con precisión comparable a los epigenéticos, su aplicación requiere estandarización, reducción de costes y validación prospectiva en poblaciones clínicas”, advierte Djouder en este sentido.
Otro aspecto en el que propone indagar Guerrero es en la determinación de si estos factores son causa o consecuencia del propio envejecimiento. En este sentido, considera que “sería interesante comprobar cómo se comportan estos biomarcadores en poblaciones excepcionalmente resilientes al envejecimiento, como los centenarios”.