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Un estudio revela los sueños más comunes en los días previos a fallecer

La investigación, basada en observaciones de médicos, enfermeras, psicólogos y voluntarios, señala que estos sueños y visiones pueden aparecer tanto dormidos como despiertos y suelen describirse como tranquilizadores

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Un estudio revela los sueños más comunes en los días previos a fallecer

Por Santiago Melo

29 de abril de 2026

En los últimos días de vida, algunos pacientes en cuidados paliativos describen sueños y visiones especialmente vívidos, a veces durante la noche y otras en momentos de vigilia. Aunque para el entorno familiar pueden resultar desconcertantes, los profesionales recuerdan que estas experiencias forman parte de un fenómeno observado con relativa frecuencia en la etapa final.

Un estudio realizado en el hospital Azienda USL–IRCCS di Reggio Emilia (Italia) y publicado en la revista Death Studies ha reunido información a partir de una encuesta a 239 profesionales, entre médicos, enfermeros, psicólogos y voluntarios, que recogen este tipo de relatos en su práctica clínica. A partir de sus observaciones, los autores describen un patrón común en el contenido de esos sueños y visiones.

Entre las escenas más repetidas aparecen reencuentros con seres queridos que ya han fallecido, como padres, parejas u otros familiares cercanos, e incluso mascotas. En muchos casos, los pacientes relatan que esas figuras les transmiten mensajes breves como despedidas, frases de calma o una sensación de acompañamiento. Junto a ello, se repiten imágenes con un fuerte componente simbólico como puertas, escaleras o espacios muy luminosos, que suelen interpretarse como una transición.

Los expertos en cuidados paliativos consideran que, más allá del contenido literal, estas experiencias pueden tener un valor emocional: ayudan a procesar el miedo, la incertidumbre o asuntos pendientes cuando ya cuesta expresarlo con palabras. En ese sentido, los investigadores hablan de un “potencial relacional” de estos sueños y visiones, porque a veces abren conversaciones sobre el final de la vida que de otra forma quedarían bloqueadas.

La mayoría de los relatos recopilados se describen como pacíficos o reconfortantes y se asocian a una disminución de la ansiedad en los últimos días. Sin embargo, el estudio también recoge que una parte menor, aproximadamente una de cada diez experiencias, puede vivirse como inquietante, con imágenes perturbadoras vinculadas a dolor, miedo o conflictos emocionales no resueltos.

Los autores subrayan que estos hallazgos no pretenden demostrar qué ocurre “después” de la muerte, sino describir un fenómeno que aparece en el contexto clínico y que puede influir en el bienestar del paciente. También advierten de que muchas personas no lo comparten por temor a ser juzgadas o a que se interprete como confusión, lo que refuerza la importancia de que el equipo sanitario lo aborde con escucha, sin ridiculizarlo y con sensibilidad.

En la práctica, comprender mejor estos patrones puede ayudar a ofrecer una atención más humana: validar lo que el paciente siente, explorar si la experiencia le calma o le angustia y, si es necesario, ajustar el acompañamiento psicológico y el control de síntomas para aliviar el malestar en una fase especialmente delicada.



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