
Por Santiago Melo
18 de agosto de 2026La semaglutida se ha convertido en uno de los tratamientos más eficaces frente a la obesidad, pero los mecanismos que explican por qué consigue mantener una pérdida de peso más sostenida que otros fármacos todavía no se conocen por completo. Un nuevo estudio de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, aporta ahora una posible explicación relacionada con la actividad de determinadas neuronas cerebrales.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se ha centrado en las neuronas AgRP, vinculadas a la regulación del hambre. Hasta ahora se consideraba que su activación servía principalmente para oponerse a la pérdida de peso, pero los resultados muestran que también podrían desempeñar un papel relevante en el mantenimiento de la reducción de grasa durante el tratamiento con fármacos GLP-1.
Para comprobarlo, los investigadores administraron semaglutida a modelos de ratón y analizaron el peso corporal, la ingesta de alimentos, el metabolismo y el gasto energético. Además, utilizaron técnicas genéticas para eliminar o silenciar de manera selectiva las neuronas AgRP y observar qué ocurría con los efectos del tratamiento.
Los resultados mostraron que, cuando los animales carecían de estas neuronas, los fármacos GLP-1 ya no conseguían mantener la pérdida de peso. Posteriormente, mediante microscopía electrónica, biología molecular y electrofisiología, los científicos comprobaron que la semaglutida no reducía la actividad de las neuronas AgRP, sino que la aumentaba.
Según los autores, este comportamiento podría formar parte de la respuesta del cerebro al déficit calórico generado por el tratamiento. Las neuronas AgRP, además de intervenir en la sensación de hambre, también participarían en la coordinación de la pérdida de grasa, lo que añade una nueva capa de complejidad a la forma en la que actúan estos medicamentos.
“Esto cambia por completo nuestra forma de pensar sobre el mecanismo implicado en estos medicamentos”, ha señalado Mateus d'Ávila, primer autor del estudio e investigador del laboratorio de Tamas Horvath en la Facultad de Medicina de Yale. A su juicio, conocer mejor esta adaptación cerebral podría abrir la puerta al desarrollo de tratamientos más eficaces.
Los investigadores partían de una cuestión todavía no resuelta: otros medicamentos para adelgazar pueden reducir el apetito de manera similar a la semaglutida, pero no consiguen el mismo grado de pérdida de peso sostenida. Esto hacía pensar que el efecto de los GLP-1 no dependía únicamente de que las personas o los animales comieran menos.
El estudio aporta así un posible mecanismo adicional, aunque sus autores advierten de que los experimentos se han realizado en ratones. Será necesario comprobar si este mismo funcionamiento se reproduce en humanos antes de trasladar los resultados a la práctica clínica.
Aun así, el equipo considera que identificar esta vía cerebral puede resultar útil para diseñar futuras terapias contra la obesidad. “Al identificar un mecanismo neuronal previamente desconocido implicado en el mantenimiento de la pérdida de peso, nuestro trabajo proporciona nuevos conocimientos biológicos que podrían ayudar a los investigadores a diseñar terapias aún más eficaces o con menos efectos secundarios”, concluye d'Ávila.