
Por Santiago Melo
29 de julio de 2026La carne procesada lleva años en el punto de mira de la investigación científica por su posible relación con distintos tipos de cáncer. Ahora, un estudio europeo liderado por el grupo de Nutrición y Cáncer del IDIBELL y el Instituto Catalán de Oncología (ICO) aporta nuevas evidencias al asociar su consumo con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de estómago y de esófago.
La investigación, publicada en el International Journal of Cancer, analizó los datos de más de 450.000 participantes de la cohorte EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition), uno de los mayores estudios prospectivos sobre nutrición y cáncer del mundo. Tras un seguimiento medio de más de 14 años, los investigadores observaron que por cada incremento de 30 gramos diarios de carne procesada aumentaba un 9% el riesgo de cáncer gástrico y un 13% el esofágico.
Los autores recuerdan que no todas las carnes tienen el mismo impacto sobre la salud. Mientras que la carne roja incluye productos como la de vacuno, cerdo o cordero y la carne blanca engloba principalmente aves como el pollo o el pavo, la carne procesada comprende alimentos que han sido modificados mediante procesos como el curado, el ahumado, la salazón o la incorporación de conservantes. En este grupo se encuentran los embutidos, el jamón, las salchichas o el bacon.
Precisamente, el estudio no encontró una asociación significativa entre el consumo de carne roja y el riesgo general de cáncer gástrico o esofágico. En cambio, sí detectó una relación entre una mayor ingesta de carne procesada y el desarrollo de estos tumores, especialmente del cáncer gástrico de tipo intestinal. Además, el análisis por subtipos de tumores y su localización anatómica mostró que esta asociación se mantenía en distintas formas de la enfermedad.
"La generación de este tipo de evidencia contribuye a mejorar el conocimiento disponible en el campo de la prevención primaria y proporciona información relevante para orientar futuras recomendaciones de salud pública", explica la doctora Paula Jakszyn, directora del estudio. La investigadora recuerda, además, que "el riesgo global depende de la dieta y el estilo de vida en su conjunto, no solo del consumo individual de carne procesada", por lo que insiste en la importancia de mantener una alimentación equilibrada y variada.
Los resultados están en línea con las recomendaciones de los principales organismos internacionales. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica desde hace años la carne procesada como carcinógena para los seres humanos, mientras que la Organización Mundial de la Salud recomienda moderar su consumo, recordando que el riesgo individual depende tanto de la cantidad ingerida como del conjunto de hábitos de vida.
Para los autores, el trabajo amplía la evidencia científica sobre el papel de la alimentación como factor modificable en la prevención del cáncer. El siguiente paso será profundizar en los mecanismos biológicos que explican esta asociación y estudiar por qué el efecto observado puede variar entre distintos grupos de población, con el objetivo de mejorar las futuras recomendaciones de salud pública.