
Por Santiago Melo
4 de febrero de 2026Un metaanálisis publicado en British Journal of Sports Medicine desmonta la idea de que las mujeres trans tienen una ventaja física inherente sobre las mujeres cis (aquellas a las que se le asignó el sexo femenino al nacer, por sus genitales, y cuya identidad de género también es femenina, es decir, se identifica y siente como mujer) en el ámbito deportivo.
El estudio, elaborado por investigadores de la Universidad de São Paulo (Brasil), revisó 52 trabajos científicos con un total de 6.485 participantes trans y cisgénero, y analizó su composición corporal y aptitud física antes y después de la terapia hormonal de afirmación de género.
Los autores encontraron que, si bien las mujeres trans presentan una mayor masa magra, indicador asociado a la masa muscular, tras uno a tres años de tratamiento hormonal no se observan diferencias significativas en la fuerza del tren superior ni inferior ni en la capacidad cardiorrespiratoria, en comparación con las mujeres cis. “El artículo demuestra que no hay una diferencia significativa en la fuerza ni en el rendimiento cardiopulmonar que justifique la exclusión de mujeres trans del deporte femenino”, señala el médico Adrián Carrasco Munera, miembro del Grupo de Salud LGTBIQ+ de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. “La exposición previa a testosterona no se traduce en una ventaja competitiva tras iniciar el tratamiento hormonal”, añade.
La investigación se publica en un momento clave: el Comité Olímpico Internacional está a punto de actualizar los criterios de elegibilidad para atletas transgénero. En los últimos años, algunas federaciones han optado por excluir a las mujeres trans de la categoría femenina, alegando una supuesta superioridad física.
La doctora Laura Sánchez Amador, investigadora de la Universidad de Alcalá, matiza que “aunque las mujeres trans pueden tener más masa magra en algunos casos, esta no se traduce en una mejor condición física global”. Destaca también que la terapia hormonal provoca cambios importantes: aumento de grasa corporal, disminución de fuerza muscular y reducción del consumo máximo de oxígeno situando progresivamente sus perfiles fisiológicos dentro del rango femenino cis.
El estudio también detecta que los hombres trans presentan un patrón opuesto: ganan masa muscular y fuerza con el tratamiento hormonal, aunque sin alcanzar los niveles de los hombres cisgénero.
Pese a la contundencia de los datos, los autores reconocen limitaciones. La mayoría de estudios revisados no compara directamente a atletas de élite ni mide el rendimiento en competiciones específicas. Aun así, el consenso del análisis es claro: con la evidencia actual, no se puede justificar científicamente la exclusión sistemática de mujeres trans del deporte femenino.
“Este trabajo aporta evidencia basada en datos y pide prudencia antes de tomar decisiones que puedan discriminar a un colectivo”, concluye Sánchez Amador. “La ciencia no respalda las teorías de ventaja física automática en mujeres trans”.