
Por Juan García
4 de marzo de 2026Si hay un campo donde la medicina de precisión se está abriendo paso con especial notoriedad es la oncología. Este enfoque hacia un abordaje individualizado supone un cambio de paradigma que implica pasar del estudio de las patologías oncológicas centradas en el órgano donde se producen, a descifrar los mecanismos moleculares que hay detrás.
Con este objetivo, Gilead Sciences ha organizado una jornada titulada "Entender la investigación clínica en oncología y su impacto real", en la que se ha repasado el panorama actual en este campo. En este encuentro moderado por el periodista Javier Granda, el doctor Luis de la Cruz, jefe de Oncología Médica del Hospital Universitario Virgen Macarena ha explicado cómo se está transformando las líneas de investigación con un protagonismo cada vez mayor de la biología. La irrupción de innovaciones tecnológicas como la IA o los gemelos digitales, el diseño de nuevos tipos de ensayos y la búsqueda de biomarcadores son los aspectos primordiales que centran el recorrido científico contra el cáncer.
Las diversas técnicas de ómica están tratando de encontrar biomarcadores predictivos de la respuesta de los pacientes al cáncer y a los tratamientos experimentales. De esta forma, el oncólogo apunta que “el futuro pasa por intentar hacer simulaciones de lo q puede pasar en el paciente”.
Esta búsqueda de biomarcadores ha dado un vuelco al enfoque de las investigaciones: “En ensayos clínicos hasta ahora nos dirigíamos mucho al órgano de origen del tumor, pero ahora vamos hacia la medicina de precisión”. Gracias a la identificación de estos mecanismos biológicos, han surgido los denominados ensayos basket, que agrupan a pacientes con distintos tipos de cáncer para buscar una mutación o alteración molecular concreta común a distintos tumores y frente a la que se pueda actuar. Esta búsqueda también se puede abordar desde el punto de vista de probar simultáneamente distintos fármacos para mutaciones distintas en un mismo tipo de cáncer, que se testa en los ensayos llamados de tipo umbrela.
Además, otro enfoque consolidado y que despierta gran interés en la comunidad científica son los denominados ensayos adaptativos, que permiten modificar sobre la marcha aspectos del diseño (como el tamaño muestral o la dosis que se administra a los pacientes) para acelerar toma decisiones y evitar así prolongar ensayos poco eficaces. La gran ventaja de este método es que hace frente a una de las principales debilidades de los estudios: su elevada tasa de fracaso.
Otra apuesta novedosa son los ensayos descentralizados, que facilitan el seguimiento remoto del paciente a través de la recogida de datos en el domicilio y la colaboración con centros locales. Desde el punto de vista de los pacientes, suponen una fórmula esperanzadora para reducir las inequidades y las barreras de acceso.
Una problemática a la que ha puesto voz la presidenta de la Asociación Española de Cáncer Mama Metastásico, Elisenda Martínez, quien ha subrayado la “profunda injusticia” que supone que “el tratamiento que recibamos dependa de donde vivimos”. Esta paciente ha desterrado algunos de los mitos que proliferan en torno a los ensayos clínicos, para resaltar su valor y alejar los miedos de quienes tienen la opción de participar en ellos. Martínez ha explicado que en los ensayos oncológicos no se administra placebo a los pacientes, dada la sensibilidad del proceso que sufren. Así, ha tratado de dar la vuelta al sentimiento que experimentan muchos pacientes a la hora de decidir participar en ensayos como que es “su última opción” o que están “jugando” con ellos, resaltando que estos estudios son una parte esencial del avance científico y que su participación se puede traducir en ganar meses o años de vida y hacerlo con menores incoveniencias.
Como otra asignatura pendiente en materia de ensayos clínicos, Martínez ha subrayado la necesidad de agilizar los tiempos de incorporación de los medicamentos innovadores, que superan los 600 días según los últimos datos del informe WAIT.
En cuanto al papel de la tecnología, De la Cruz ha detallado que las nuevas herramientas de IA y deep learning avanzan hacia elaborar una predicción de la respuesta que darán los pacientes en los ensayos y mejorar el diseño de los estudios, aunque reconoce que su implementación es aún escasa en España.
En términos prácticos, la IA tiene el potencial de acelerar hasta 4,5 veces el tiempo que se tarda en ejecutar un programa de cribados, permitiendo afinar los diagnósticos hasta puntos donde el ojo humano no ve. Su aplicación según las evidencias científicas se traduce en un ahorro de entre el 85 y el 90% de tiempos de trabajo.
Para avanzar en la implementación de nuevas tecnologías, el especialista en oncología ha puesto el acento en una cuestión más elemental, pero pendiente aún en España, como es la confluencia de los sistemas de información digital.
Al cierre de la jornada, el director de Oncología de Gilead para España y Portugal, André Marques, ha ensalzado cómo “la investigación clínica en oncología es cada vez más innovadora. Entender cómo se construye la evidencia, qué miden los ensayos y cómo se interpretan sus resultados es fundamental para trasladar información rigurosa y contextualizada”.